Daniel Loewe: El Hombre del Bosque

Proyecto seleccionado Premio ZAMPA 2022

 

Mauro Alonso Novak nace en 1925 en Lima (Per√ļ). Es el peque√Īo de dos hermanos, hijo de madre polaca de nombre Elen Novak, y padre espa√Īol, Guillermo Alonso Prieto.

A la edad de tres a√Īos su madre muere de una rara enfermedad del est√≥mago y su padre decide partir. Embarca con sus hijos en el ‚ÄúBuenos Aires‚ÄĚ, un viejo barco de vapor, rumbo a Espa√Īa.

Durante la larga traves√≠a, el capit√°n del barco bautiza a Mauro. Un mes y medio despu√©s se instalan en Bilbao, ciudad natal de su padre. Mauro y su hermano mayor, Guillermo, se integran r√°pidamente a su nuevo hogar. Viven en la Plaza Urizar y van a las Escuelas de Camacho. Cerca hay front√≥n donde empiezan a jugar a pelota vasca. En el barrio, hab√≠an varias bandas: Los Cavern√≠colas, Los Leales, Los Republicanos etc., pero por encima de todos estaba Roberto, El Rey del Barrio. Roberto robaba las bicicletas de los trabajadores de los Altos Hornos de Baracaldo y las regalaba a los ni√Īos necesitados del barrio.

Los d√≠as de fiesta iban al cine a ver pel√≠culas rusas permitidas por La Rep√ļblica. Unos a√Īos m√°s tarde su padre cae enfermo y muere al poco tiempo. Los dos hermanos ingresan en un orfanato de la ciudad hasta que estalla la guerra civil espa√Īola, y tras negarse a refugiarse en Francia son trasladados a un orfanato en Valencia. All√≠ pasan la guerra como pueden, sorteando los intensos bombardeos desde el mar y el aire y comen b√°sicamente arroz y algarrobas para sobrevivir.

© Daniel Loewe

Al finalizar la guerra en 1939, y acogiéndose a la ley de acercamiento familiar que permitió Franco, Mauro y su hermano mayor suben a un tren para desplazarse a Medina del Campo, en la provincia vallisoletana, donde su tío regenta una explotación agraria. Allí su tío mandó a su hermano mayor a aprender inglés a la ciudad y a Mauro lo deja encargado de los cerdos, relegándolo a vivir en las pocilgas. Empieza una mala época para Mauro pues la dureza del trabajo unido a las heladas y el intenso frio que sufre viviendo en los establos le obligan a buscarse un futuro mejor.

Mauro, siendo ya un adolescente, se enrola en una cuadrilla para trabajar construyendo presas y pantanos para el r√©gimen franquista. Durante unos a√Īos vive en barracones improvisados en zonas de monta√Īa construyendo los recursos h√≠dricos espa√Īoles actuales. Finalmente lo destinan a la Catalu√Īa rural, donde participa en dos grandes obras. Unos meses despu√©s decide instalarse en Barcelona. En la capital catalana, en plena √©poca de postguerra, empieza a trabajar como repartidor de carb√≥n hasta enfermar de silicosis. Entonces el jefe de la carbonera lo manda a la monta√Īa del Tibidabo a buscar le√Īa pues el carb√≥n se acaba y la ciudad demanda combustible. Fue entonces cuando Mauro, un hombre de campo, se enamora de la Sierra de Collserola. A√Īos m√°s tarde empieza a trabajar como estibador en el puerto de Barcelona, donde carga las bodegas de los barcos de productos b√°sicos con destino a las Islas Baleares. Mauro vive en una pensi√≥n de la calle del Este del Barrio Chino durante a√Īos. En 1976, sin haber tenido nunca un contrato de trabajo, ni cotizaci√≥n alguna a la seguridad social, es despedido de su trabajo en el puerto para ser sustituido por estibadores m√°s j√≥venes y fuertes.

Mauro empieza entonces a trabajar de bedel nocturno de la pensi√≥n para poder pagar as√≠ su estancia. Dos a√Īos m√°s tarde, harto de los grises (Polic√≠a Armada), ladrones y prostitutas, decide coger sus pocas pertenencias, algo de ropa y una manta, para irse a vivir a la monta√Īa del Tibidabo. Al principio duerme al raso pero poco despu√©s encuentra una ermita abandonada y se instala all√≠. Unos d√≠as m√°s tarde conoce a un colega que est√° en su misma situaci√≥n y lo acoge en su nuevo hogar. Tienen una buena relaci√≥n en general pero, en ocasiones, su nuevo compa√Īero bebe demasiado. Con el paso de los meses la relaci√≥n se va estropeando debido al alcohol. Una fr√≠a noche mientras Mauro duerme, su compa√Īero, borracho perdido, decide encender una hoguera dentro de la ermita, y cae dormido. Una hora despu√©s y con dificultades para respirar, Mauro se despierta y se da cuenta que la ermita est√° en llamas. Sin pensarlo dos veces, agarra a su compa√Īero por los brazos y lo arrastra hacia el exterior, √©ste permanece dormido, o mejor dicho maltrecho por los s√≠ntomas del alcohol. Mauro le salva la vida, pero pierde su nuevo hogar. Tras esperar a que se recupere, Mauro vuelve a coger sus b√°rtulos y empieza de nuevo la b√ļsqueda de un nuevo lugar para vivir.

El tiempo ya es fr√≠o, el invierno se le tira encima, y debe encontrar un buen lugar donde poderse cobijar. Los primeros d√≠as los vuelve a pasar al raso, hasta que una desapacible ma√Īana, mientras camina para entrar en calor, encuentra la boca de una peque√Īa mina abandonada, en la cara este de la monta√Īa, es decir en la cara soleada. La entrada a la mina est√° escondida tras unos matorrales, parece perfecta para √©l. Mauro entonces decide entrar y acomodarse en su nueva estancia.

© Daniel Loewe

Como suele suceder en oto√Īo en Barcelona, empez√≥ a llover y no par√≥ en toda la semana. El agua entraba a raudales en la mina, y el fr√≠o y la humedad empiezan a hacer mella en Mauro. Pero sigue lloviendo y no le queda otra alternativa que esperar. Aquella noche, mientras dorm√≠a envuelto en mantas y cartones, una escolopendra le pica en la pierna. Mauro pasar√≠a un par de d√≠as con un tremendo hinchaz√≥n en la pierna y fiebre alta que le impedir√≠a partir de nuevo en busca de un lugar mejor. Tras recuperarse y coger fuerzas, Mauro emprende la b√ļsqueda de nuevo. Por varias semana, deambula por las colinas del norte de la ciudad de Barcelona. Duerme bajo los √°rboles y camina en busca de un nuevo hogar durante el d√≠a. Una vieja casa en ruinas, pr√≥xima a la se√Īorial Avenida Tibidabo le pareci√≥ id√≥nea.

Se instala allí, en la planta baja, pues duda de la estabilidad de las escaleras de acceso al piso superior.

A la ma√Īana siguiente, se despierta con el gorjeo de unas palomas. Al salir de la casucha se encuentra con un grupo de hombres que merodean el lugar. Estos le cuentan que guardan all√≠, en la segunda planta, sus palomas mensajeras. Pertenecen a un club de colombofilia del barrio de la Vall d‚ÄôHebron. Estos le permiten vivir all√≠ y lo dejan al cuidado de sus palomas. Mauro pasa all√≠ los siguientes meses, donde de vez en cuando, los ‚Äúpalomeros‚ÄĚ, as√≠ los llama, le dan una peque√Īa propina.

Un d√≠a, tras regresar del barrio de Sant Gervasi de comprar algo de comida, se encuentra algunos de sus caseros disparando a unas botellas con sus pistolas. Mauro traumatizado por la guerra de su infancia, decide abandonar aquel lugar sin dar ning√ļn tipo de explicaci√≥n. El bosque vuelve a acogerlo de nuevo. D√≠as despu√©s, bajando por un estrecho sendero hacia la ciudad, se cruz√≥ con un chico cargado con dos grandes garrafas de agua. Mauro le echo una mano y caminaron juntos charlando hasta llegar a un peque√Īo valle en la falda de la monta√Īa, por el que pasa un riachuelo, y a lo lejos un prado verde con tres o cuatro chabolas y un fant√°stico huerto. El lugar perfecto para establecerse. Mauro no duda y construye una peque√Īa caba√Īa de madera, improvisada con restos de pales y troncos y ramas de √°rboles ca√≠dos. Mauro vivir√° en aquel fant√°stico lugar, compartiendo sus vivencias con aquella agradable comunidad de vecinos y comiendo de los frutos de un peque√Īo huerto que trabajaba rigurosamente, durante los siguientes 12 a√Īos.

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Una h√ļmeda y calurosa ma√Īana de agosto de 1990, al salir de su caba√Īa, Mauro vio a lo lejos una delegaci√≥n de se√Īores trajeados acompa√Īados de un grupo de obreros paseando lentamente y conversando. Mauro no se atrevi√≥ a preguntar que hac√≠an por all√≠.

Semanas m√°s tarde, tambi√©n de ma√Īana, se presentaron unas enormes retroexcavadoras y unos cuantos se√Īores bien vestidos que visitaron chabola por chabola hasta llegar a la caba√Īa, la √ļltima. All√≠, en la entrada les estaba esperando Mauro. Aquellos se√Īores le explicaron que esa zona del Parque Natural de Collserola hab√≠a sido recalificada y que adem√°s de construir la Ronda de Dalt, cintur√≥n de circunvalaci√≥n de Barcelona que se construir√≠a para los Juegos Ol√≠mpicos del 92, se iba a construir tambi√©n una urbanizaci√≥n de lujo incluso por encima de la gran obra p√ļblica. Eso quer√≠a decir que Mauro deb√≠a marcharse de aquel lugar, y adem√°s seria el √ļnico que no recibir√≠a ninguna compensaci√≥n econ√≥mica, pues su caba√Īa no se consideraba vivienda, no tenia ni ladrillos ni cemento. El resto de sus vecinos recibieron 1 mill√≥n de pesetas para buscarse otra vivienda, a Mauro no, y aquel mismo d√≠a tiraron su caba√Īa abajo. Durante el mes siguiente, Mauro se dedic√≥ a subir los restos de su caba√Īa monta√Īa arriba, a un lugar donde vivir tranquilo. Un lugar cercano al Observatorio Fabra, un observatorio astron√≥mico construido en 1904 en lo alto de una peque√Īa cima muy cercana a la cota m√°xima del Tibidabo.

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Cerca, un poco por encima, pasa la carretera sin salida, y poco transitada, de acceso al observatorio. Equipada con bocas de incendios y peque√Īos farolillos, perfecta para acceder a la zona. El lugar es llamado ‚ÄúEl Cedral‚ÄĚ en honor a la especie de √°rbol que la cubre. Un lugar ideal: cara soleada de la monta√Īa, protegida por grandes Cedros, fuertes y a la vez el√°sticos perfectos para protegerse del viento y la nieve. Pero tiene un inconveniente, el lugar tiene una fuerte pendiente lo que complica el establecerse all√≠.

Aun es verano y se puede dormir al raso, pero Mauro deber√° apresurarse en construir su nueva caba√Īa antes de que lleguen las primeras lluvias de oto√Īo. Lo primero es cavar una extensa terraza en aquel desnivel para poder construir en plano. Mauro se puso a cavar con ilusi√≥n en su nuevo hogar. D√≠as m√°s tarde, desgastado por el duro trabajo, se dio cuenta que llegados a una profundidad determinada el suelo se endurec√≠a notablemente. Entonces decidi√≥ que la har√≠a larga en vez de ancha, y tres peque√Īas caba√Īas en vez de una grande. La primera en un extremo, la zona m√°s protegida, pero a la vez m√°s oscura, la caba√Īa dormitorio, la m√°s urgente e importante. La segunda, a mitad del terreno ganado a la pendiente, en un lugar m√°s luminoso la cocina-despensa. Por √ļltimo construyo en el otro extremo, el m√°s despejado y soleado, una sala de estar. Un lugar agradable donde leer y escuchar la radio durante el d√≠a, y ver las estrellas y so√Īar con historias de astronautas durante la noche. Tras el primer viaje a la luna de los americanos, Mauro se apasion√≥ por la conquista del espacio y empez√≥ a leer sobre las galaxias y a observar estrellas y planetas m√°s cercanos a la tierra.

Su reciente afici√≥n a la astronom√≠a, su ubicaci√≥n y su simpat√≠a, y quiz√° algo de fortuna, le llevaron a conocer al astr√≥nomo encargado del observatorio. Una ma√Īana soleada Mauro aprovech√≥ para tender las s√°banas reci√©n lavadas con agua de lluvia calentada al sol en un gran bid√≥n met√°lico que tapaba para aumentar la temperatura del agua. Despu√©s de escurrirlas, las bati√≥ ligeramente al viento y las tendi√≥ al sol. La casualidad fue que el astr√≥nomo, en una pausa de su trabajo de limpieza del telescopio, cuando disfrutaba de una taza de caf√© con leche mientras observaba la naturaleza desde la ventana, vio unas extra√Īas manchas blancas que se mov√≠an tras los √°rboles.

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El cient√≠fico, movido por su sed insaciable de conocimiento, sali√≥ r√°pidamente del observatorio hacia aquel lugar para averiguar que era aquello, que se mov√≠a, pero no se desplazaba. Subi√≥ por la carretera del observatorio hasta llegar a un camino o corta-fuegos por donde pasa el tendido el√©ctrico que baja pronunciado a mano izquierda, directo a casa de Mauro. Se encuentra con √©l cara a cara. Al principio enmudecieron los dos, pero segundos despu√©s se presentaron amablemente. El astr√≥nomo miraba asombrado, hace unos meses all√≠ no hab√≠a nada. Era un peque√Īo grupo de cedros, rodeados de pinos y situado en una empinada ladera de la monta√Īa. Un lugar pr√°cticamente inaccesible, y ahora, una peque√Īa comunidad de caba√Īas sorteaban la pendiente en una alargada terraza. Mauro le explic√≥ el por qu√© de todo aquello y conversaron durante horas. Le cont√≥ que el lugar no era una casualidad. Un cedral por su protecci√≥n. La pendiente del terreno y la lejan√≠a de la ciudad lo hac√≠a ins√≥lito. Y bosque, porque era lo √ļnico que le quedaba. Luego hablaron de arquitectura, gran afici√≥n del astr√≥nomo y nueva ocupaci√≥n de Mauro, pues estaba terminando su gran obra. Este le explic√≥ que ciment√≥ con una capa gruesa de grava, que hab√≠a hecho √©l mismo, picando pizarra con un gran mazo. Luego clav√≥ en el suelo cuatro grandes trozos de palos del tendido el√©ctrico, posicionados en vertical, a modo de pilares. Su experiencia anterior le hab√≠a hecho aprender, que si utiliza maderas tratadas para no ser atacadas por los bichos, la construcci√≥n resiste mucho mejor en medio del bosque. Luego coloc√≥ unos grandes tableros de madera como techo y estos cubiertos por una finas l√°minas de aluminio, encima una capa de tela pl√°stica y finalmente todo tapado con ramas y pinaza a modo de aislamiento t√©rmico e integraci√≥n en el medio. El cient√≠fico qued√≥ impresionado por la ejecuci√≥n de aquel proyecto.

Pocos d√≠as despu√©s el astr√≥nomo invit√≥ a Mauro al observatorio. Era una clara noche, y le pudo ense√Īar algunas de las maravillas de la V√≠a L√°ctea con un potente telescopio. Mauro qued√≥ fascinado por todo aquello. Hab√≠a nacido una buena amistad con su vecino m√°s pr√≥ximo.

Mauro por fin acab√≥ las tres caba√Īas, antes de que llegasen las lluvias y el fr√≠o. Su siguiente reto era conseguir agua potable. El sab√≠a de una fuente, la de Can Born√≠, el problema es que no estaba cerca y el recorrido se hac√≠a muy duro con el agua a cuestas. Mauro cog√≠a de all√≠ s√≥lo el agua para beber y cocinar, el resto la recog√≠a de la lluvia. La comida era m√°s complicada de conseguir. A menudo bajaba a Barcelona a pedir comida en los comedores sociales o en las parroquias. Pero all√≠ normalmente le daban comida cocinada, que no puedes conservar, y significaba ir a la ciudad a diario. Un tiempo despu√©s Mauro oy√≥ que Cruz Roja y Caritas Diocesanas repart√≠an arroz, harina, legumbres y alimentos en conserva a la gente necesitada y se puso en contacto con ellos. Fue as√≠ como se independiz√≥ de la ciudad pues dichas organizaciones repart√≠an los alimentos, productos de higiene y alguna manta, a domicilio mediante voluntarios. Mauro condimentaba sus guisos con plantas, setas y frutas que recolectaba en el bosque. Ajos porros, esp√°rragos trigueros, diente de le√≥n, ortigas, romero, tomillo, or√©gano, higos, ciruelas silvestres y algunas setas conocidas y sin riesgo de intoxicaci√≥n pod√≠a encontrarlos con facilidad dependiendo de la √©poca del a√Īo.

© Daniel Loewe

Al principio Mauro encend√≠a fuego para cocinar, pero enseguida se dio cuenta del riesgo que tenia hacerlo en bosque, sobre todo los d√≠as de viento. Con los pocos ahorros que ten√≠a se compr√≥ un Camping Gas con una peque√Īa botella de propano que ten√≠a que rellenar una vez al mes. Aprovechando la visita a la ciudad, compraba, en un mercadillo de cosas usadas, alguna vieja novela del oeste, a poder ser de su autor favorito, de Zane Grey. Durante aquel invierno fue aislando y perfeccionando sus caba√Īas para luchar contra el frio y la humedad. Forr√≥ las paredes interiores del dormitorio con mantas viejas y cartones y se hizo unas ventanas con unos cristales que hab√≠a encontrado. As√≠ durante el d√≠a entraba el sol por las ventanas generando calor y secando la humedad de la noche, consiguiendo as√≠ iluminar las estancias para poder leer, cocinar o cualquier otra cosa. Cuando llegaba el verano retiraba las ventanas para que corriera el aire y estar m√°s fresco. En un agujero cavado en el suelo hizo una fresquera para conservar alimentos frescos durante algunos d√≠as.

Un d√≠a de primavera, cuando hac√≠a camino hacia Barcelona, y antes de pasar por la Escuela Judicial de Barcelona, en una casa siempre vac√≠a hasta ahora, se encontr√≥ con una cuadrilla de bomberos. Estos estaban abriendo y adecentando la estaci√≥n que hac√≠a de ret√©n en verano, pensada para evitar los fuegos forestales. Mauro, enseguida, entabl√≥ conversaci√≥n con ellos. Uno de ellos, el m√°s joven, le pregunt√≥ si hac√≠a fuego para cocinar. Mauro le dijo que no y le explic√≥ que ten√≠a un Camping Gas, y que adem√°s ten√≠a un bid√≥n de unos 500l lleno de agua por precauci√≥n. El joven entonces le pregunt√≥ de d√≥nde sacaba el agua. Mauro le cont√≥ que la recog√≠a de la lluvia para ducharse y para lavar la ropa y los cacharros de cocina. Tambi√©n cog√≠a agua potable de una fuente, para beber y cocinar. El bombero enseguida le ofreci√≥ una llave especial que abr√≠a las bocas de incendios situados en la carretera del observatorio, muy cerca de su caba√Īa. Mauro ya no tendr√≠a que andar largas distancias cargado con litros y litros, ahora ten√≠a acceso a agua corriente.

Aquella primavera tambi√©n descubri√≥ una riera, cercana, que bajaba abundante agua despu√©s de las lluvias de primavera. Pasaban los a√Īos y Mauro cada vez estaba m√°s adaptado a aquel bosque, era feliz viviendo all√≠.

Conviv√≠a con un peque√Īo rat√≥n y una pareja de petirrojos que entraban a picotear a su cocina. Adem√°s una trasnochadora jineta y un grupo de glotones jabal√≠es le visitaban a menudo, estos √ļltimos subi√©ndose al tejado de su dormitorio y provocando grandes destrozos a media noche. Alimentaba tambi√©n a un grupo de palomas todas las ma√Īanas y de rebote a un hambriento gavil√°n que se tira en picado contra ellas, protagonizando escenas de documental ante los ojos de Mauro.

La abubilla y el mirlo son los vecinos escandalosos que alertan la presencia de Mauro a los suyos. Tambi√©n una perra perdida decidi√≥ finalmente quedarse a vivir all√≠ durante alg√ļn tiempo. Una infusi√≥n de tomillo y una tostada con aceite y sal dan inicio al d√≠a. Hacerse la cama, limpiar la caba√Īa, lavar algo de ropa aprovechando que luce el sol y finalmente arreglar y reforzar la valla de protecci√≥n del huerto que han destrozado los jabal√≠es. Entonces Mauro decide bajar a la ciudad para conseguir algo de comida, pues la despensa est√° vac√≠a. En Barcelona visita las instalaciones de C√°ritas a ver si le pueden proporcionar algo de comida. Al regresar al bosque, ve desde lejos una patrulla de la Polic√≠a Nacional que merodea su caba√Īa. Mauro se acerca r√°pidamente hacia ellos atemorizado pensando en la posibilidad de que lo echen de all√≠. El agente le cuenta que est√°n elaborando un censo de la gente que vive en los bosques de la Sierra de Collserola. El oficial de la Polic√≠a Nacional encargado de la seguridad de la Escuela Judicial, y amigo de Mauro, les hab√≠a hablado de √©l. El polic√≠a le pregunt√≥ si era espa√Īol. Tras la afirmaci√≥n de Mauro, el agente le explic√≥ que ten√≠a derecho a percibir la pensi√≥n m√≠nima no contributiva. Tambi√©n le dijo que √©l le ayudar√≠a a tramitarla. Unos d√≠as despu√©s Mauro pas√≥ por la delegaci√≥n de la Seguridad Social de Sarria, donde tuvo que firmar la documentaci√≥n que el amable agente de la Polic√≠a le hab√≠a tramitado.

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Al no tener domicilio en el barrio, Mauro se empadrona en una sucursal bancaria donde a partir de ahora recibiría su pensión cada mes. Aquello fue un gran alivio pues ya nunca más tendría que pedir ayuda para poder comer. Ahora cada día se daba un paseo al pueblo de Vallvidrera para comprar pan y otros alimentos, charlar con sus gentes y convertirse en un vecino más del pueblo.

Leer, estudiar, escuchar la radio, pasear, conocer nuevos lugares, hacer ejercicio y muchas m√°s, pasaron a ser cosas importantes para Mauro. Se compr√≥ un peque√Īo transistor para escuchar los partidos del Athletic de Bilbao y del Bar√ßa, una gu√≠a para observar las estrellas, unos prism√°ticos, unas buenas botas y un calefactor que se adapta al camping gas para las fr√≠as noches de invierno. M√°s adelante pudo tambi√©n comprarse unas gafas que le ser√≠an de gran ayuda y un viejo reloj en un mercadillo. En el a√Īo 2004, cuando cumpl√≠a con un encargo fotogr√°fico sobre la especulaci√≥n inmobiliaria para una publicaci√≥n, y teniendo que ilustrar la apropiaci√≥n de suelo p√ļblico, empec√© a buscar personas que viviesen en chabolas. Visit√© la cuenca del r√≠o Besos y Llobregat, donde abundan las chabolas. Pero ninguna estaba habitada, solo las utilizaban los fines de semana para hacer barbacoas familiares o cultivar verduras en el huerto. Aquel d√≠a mientras me desplazaba en coche de un lugar a otro escuch√© una noticia en la radio que hablaba de gente sin recursos que viv√≠a en el bosque. Empec√© a investigar y vi claramente que deb√≠a encontrar a una de estas personas para ilustrar mi reportaje. Recorr√≠ cada d√≠a de la semana una ruta diferente por las monta√Īas de la sierra, pero no encontr√© ninguna persona que viviera en el bosque. Hab√≠an personas sin techo que dorm√≠an en las monta√Īas pero no viv√≠an ah√≠. Acud√≠an a pasar la noche hartos de vino y con cuatro cartones para el frio.

El √ļltimo d√≠a, cuando bajaba de la monta√Īa del Tibidabo y me dirig√≠a a casa, al pasar cerca del observatorio, vi una persona rellenando garrafas de agua de una boca de incendios. Lo observ√© de lejos durante un rato. Finalmente decid√≠ seguirle respetando cierta distancia. Al poco rato, descendiendo por un empinado sendero entre una densa vegetaci√≥n, lleg√≥ a una caba√Īa. Le segu√≠ y me acerqu√©. Al llegar a la primera de las tres caba√Īas, peque√Īa y abierta por uno de sus lados, me lo encontr√© sentado en una silla ojeando un peri√≥dico gratuito que hab√≠a cogido de la panader√≠a.

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Me present√© enseguida, pues me sent√≠a como un intruso en casa ajena. √Čl, enseguida me hizo sentir como en casa, me ofreci√≥ una infusi√≥n. Conversamos durante toda la tarde. Antes de marcharme de vuelta a casa, me invit√≥ para escuchar juntos un partido de f√ļtbol al d√≠a siguiente. Yo acept√© encantado. Le visit√©, y compartimos agradables ratos durante varios d√≠as. Un d√≠a, mientras desayun√°bamos juntos, le expliqu√© mi proyecto y le ped√≠ permiso para tomarle fotograf√≠as. Mauro accedi√≥ sin pens√°rselo dos veces. A partir de entonces inici√© visitas a diario, y √©l empez√≥ a compartir su vida conmigo. Siempre llevaba la c√°mara encima y fotografiaba todo aquello que hac√≠a. Me ense√Īaba lugares, plantas, animales, me explicaba historias y habl√°bamos de todo tipo de cosas. Nos hicimos buenos amigos. Pocos a√Īos despu√©s, conoci√≥ a mi mujer, Clara, y vio nacer a mis dos hijos: Pablo y Miguel. Una calurosa tarde de agosto de 2008, Mauro vio llegar, como cada d√≠a, un grupo de jabal√≠es, dos hembras acompa√Īadas de sus rayones respectivos. √Čl sali√≥ con unos chuscos de pan duro de la cocina, y entonces vio que hab√≠a dos invitados m√°s, un gran macho y su centinela. Mauro no le dio mayor importancia, pero cuando estaba repartiendo el pan, hubo una reyerta entre ellos, con la mala suerte que en una gran embestida del macho a una hembra, le pill√≥ en medio. El gran jabal√≠ enganch√≥ a Mauro por detr√°s del muslo de su pierna izquierda y se lo llev√≥ pinchado unos metros, desgarrando as√≠ su pierna. Al final cay√≥ al suelo. Se levant√≥ enseguida pero no tard√≥ en caerle la sangre por la pantorrilla inundando as√≠ el zapato. Mauro perd√≠a mucha sangre. Fue a su caba√Īa y cogi√≥ un trozo de tela. Se lo at√≥ fuertemente en la parte superior del muslo a modo de torniquete. Mauro perd√≠a mucha sangre y se sent√≠a d√©bil y mareado. Se tumb√≥ en la cama, apret√≥ el torniquete, y un rato despu√©s perdi√≥ el conocimiento.

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A la ma√Īana siguiente a Mauro le despert√≥ un vecino jubilado de Vallvidrera, que se hab√≠a acercado advertido por la panadera. Mauro no hab√≠a ido a comprar el pan y siempre lo hac√≠a. Cuando se asom√≥ por la puerta de su caba√Īa y vio toda aquella sangre por todos lados, corri√≥ hasta el ret√©n de los Bomberos. A los pocos minutos una patrulla de los Bomberos lo evacuaba de urgencia al Hospital Vall d‚ÄôHebron. Mauro fue intervenido bajo la sorpresa del cirujano por la herida provocada por un jabal√≠. Le afect√≥ el nervi√≥ ci√°tico, que unido a su edad de 83 a√Īos, har√≠a que Mauro nunca m√°s volviera a andar como antes. Un mes despu√©s le daban el alta de hospital, pero no pod√≠a volver a vivir en el bosque, su pierna no le respond√≠a. Mauro ingresar√≠a en un residencia privada para ancianos dependientes en el centro de la ciudad, y pagado por la Administraci√≥n pues las residencias p√ļblicas est√°n desbordadas. El estado mental de los ancianos all√≠ ingresados era muy malo, y Mauro no pod√≠a tener una conversaci√≥n con ning√ļn interno, s√≥lo con el personal, mayoritariamente enfermeras de origen sudamericano. Por la ventana, protegida con hilos met√°licos para que nadie se caiga abajo, solo ve√≠a edificios, hormig√≥n y asfalto. Mauro no quer√≠a seguir viviendo. Dos meses despu√©s de su accidente, y tras la insistencia de mi mujer con la Administraci√≥n P√ļblica para encontrar a una persona de 83 a√Īos, que no es un familiar, que no tiene familia alguna, y que lleva viviendo en el bosque los √ļltimos 30 a√Īos, encontramos a Mauro en la residencia privada de la tercera edad en el centro de Barcelona. Mauro nos lo cont√≥ todo con pelos y se√Īales, y tambi√©n nos dijo que vivir as√≠ no era vivir. Nos tem√≠amos lo peor. Clara, mi mujer, mir√≥, pregunt√≥ y se movi√≥, hasta encontrar una soluci√≥n. Unas semanas m√°s tarde Mauro era aceptado en una fant√°stica residencia para la tercera edad en su monta√Īa.

Las hermanas de San Vicente del Paul aceptaban a Mauro, como un vecino más del pueblo, en la Residencia Betania de la calle Mont Dorça de Vallvidrera.

Un lugar maravilloso y con vecinos suyos en su misma situaci√≥n con los que compartir este repentino tramo final de su vida. Adem√°s agradeciendo los afectuosos y profesionales tratos de las hermanas, tan diferentes eran a los anteriores, y eso te lo dec√≠a un anciano laico de la Rep√ļblica. Mauro estar√≠a en aquel precioso edificio modernista de 1908, que fue el Hotel Buenos Aires, hasta el 2012. La Residencia Betania se mud√≥ a las nuevas instalaciones en el recinto ajardinado de Mar√≠a Reina en la carretera de Vallvidrera.

© Daniel Loewe

Mauro muere de madrugada el s√°bado 18 de septiembre de 2021.


Acerca del Autor:

En 1980 la familia de Daniel Loewe se traslada a Barcelona. Diplomado en Fotograf√≠a en la primera promoci√≥n de la UPC (Universidad Polit√©cnica de Catalu√Īa) en 1997. Su relaci√≥n con el mundo de la imagen comienza en la tienda de fotograf√≠a que tenia su padre. A los siete a√Īos le regalan su primera c√°mara.

Empez√≥ trabajando como fotoperiodista freelance para diferentes medios y agencias. En la actualidad compagina la fotograf√≠a de arquitectura y paisajes con la documental con proyectos propios a largo plazo. Premios: ‚ÄúPremi Comunicaci√≥ i Benestar Social‚ÄĚ categor√≠a Prensa, Ajuntament de Barcelona (1999), EuroPress Photo Awards Fujifilm categor√≠a Europa (2005), Premio Anuaria categor√≠a Fotograf√≠a y Dise√Īo (2007), Premio Letra categor√≠a Comunicaci√≥n Visual y Gr√°fica (2007), European Design Awards (2008), iF Awards categor√≠a Communication Award con las fotos de libro ‚ÄúPez de Plata Barcelona‚ÄĚ de la Editorial Actar (2010). Nominado al Oskar Barnack Award 2022. Final ista Zampa I I H√©ctor Zampagl ione Photojournalism Award 2022.

Daniel Loewe es miembro de la UPIFC y de Photographic Social Vision y vive en Barcelona donde trabaja como fotógrafo.

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Entrevista a Daniel Loewe en Di√°logos CAPTION:

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