Nathalia Angarita

Mi abuelo era un llanero tradicional, ganadero y domador de caballos. Con él aprendí a montar a caballo al mismo tiempo que aprendía a caminar.

Crecí en una región donde se ha realizado durante siglos el Trabajo de Llano, una práctica que reúne actividades económicas y productivas que se derivan de la ganadería, donde llaneros auténticos, conocedores del territorio y de las prácticas ancestrales que aún se preservan en pocos hatos, practican hábilmente diversas labores de vaquería, recorriendo en sus caballos largas distancias en la extensa sabana en busca del ganado salvaje para movilizarlo a través de cantos culturales y la formación de un rodeo, y así llevarlo hacia los grandes hatos para marcar, herrar, vacunar, desparasitar, entre otras labores que requieren una gran resistencia y fuerza física.  Esto ocurre sólo dos veces al año, en mayo-junio, y en noviembre-diciembre. 

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La ganadería ha sido la actividad económica principal de esta región, en Casanare, al oriente de Colombia. Sin embargo, grandes industrias como el petróleo, las arroceras y la inmersión de cultivos de palma de aceite, han desplazado esta actividad y han afectado el patrimonio de los vaqueros locales.
 
© Nathalia Angarita
 
Mi abuelo era un llanero tradicional, ganadero y domador de caballos, con él aprendí a montar a caballo al mismo tiempo que aprendía a caminar. Recuerdo la reunión de los vaqueros desde las 3 AM tomando café negro, preparándose para iniciar la extenuante labor en el campo.
 
Con las estrellas iluminando el firmamento daban inicio a la tradición del Trabajo de Llano, sacrificando una res para alimentarse dos veces al día durante jornadas de 15 horas aproximadamente, durante 4 a 45 días seguidos de trabajo bajo el sol, dependiendo de la cantidad de ganado.
 
 
Las mujeres se encargan de las labores del hogar y la preparación de la comida generalmente. Los llaneros tradicionales, que son del campo y saben trabajar llano se están acabando por los acelerados procesos de modernización, los que quedan están envejeciendo y los descendientes ya no conservan las tradiciones de sus padres. Generalmente los que practican esta actividad lo aprenden desde que son niños, Oscar Acosta es uno de ellos. “Me siento orgulloso de ser llanero, participó en el Trabajo de Llano desde que tengo 8 años, ahora tengo 42. Para mí es el mejor trabajo de todos, lo que más disfruto es enlazar el ganado” dice Oscar, uno de los pocos llaneros auténticos que participa en el trabajo en el campo, y recuerda con nostalgia las tradiciones antiguas que están desapareciendo frente a sus ojos, y que para él hace parte de su identidad y su arraigo cultural a este territorio.
 
© Nathalia Angarita

 


Acerca de la Autora:

Soy Fotógrafa y Publicista, tengo 25 años. Soy de Yopal, Casanare, y actualmente estoy radicada en Bogotá, Colombia. Trabajo como fotoperiodista freelance para distintos medios, especialmente para la Agencia Internacional Reuters, la Agencia Bloomberg News, y recientemente he empezado a hacer coberturas para The New York Times.

Mi trabajo ha sido publicado en medios nacionales e internacionales como OjoPúblico, El País Semanal, El Espectador, revista Regionales, entre otros. Me interesa contar historias de realidades humanas de manera sensible y empática con un enfoque periodístico y documental.

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