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Miguel Angel Larrea
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Por Luis Sánchez

Registrar numerosos hechos y personajes a través del lente de su cámara lo transformó en testigo privilegiado de momentos únicos. En esta entrevista con CAPTION revisamos la historia de uno de los protagonistas del movimiento fotográfico de los 80, su trabajo en prensa y el rol de editor, tanto en medios de comunicación como de fotolibros. En 2002 inició HUMO, proyecto que se ha posicionado como plataforma digital para visibilizar a los fotógrafos, promoviendo talleres, exposiciones y festivales, instancias que -a su juicio- han encontrado nuevas alternativas de desarrollo en medio de la emergencia sanitaria por el Coronavirus.

Miguel, ¿en qué momento comenzó su interés por la fotografía y quién influyó en esa decisión? ¿Con qué cámara inició este camino?
Mi interés por la fotografía parte cuando hice mis primeras fotos, después en la Universidad cuando empezamos a explorar un poco más con un amigo, compañero de curso, con quien tuvimos un primer taller que se llamaba Taller Limones de la Fotografía. Ese fue el primer gran salto, antes había hecho un par de fotos, fotos en un viaje y a partir de ahí ya empezó a gustarme, me compré mi ampliadora, hice CAPTION MAGAZINE mi primer taller y después hicimos uno un poco más grande, de estudio sobre fotografía en la Escuela de Sociología. La primera cámara que usé fue una Agfa Silette que era de mi padre, la llevé a mi primer viaje, hice mi primera foto que amplié y que todavía tengo.

Fuenteovejuna 1984. © Miguel Angel Larrea

A través de la fotografía se cuentan historias y usted ha sido testigo de muchas de ellas, retratando figuras de la escena artística nacional, políticos y también registrando situaciones dolorosas que forman parte de la memoria colectiva. ¿Cómo fue para usted ese proceso y su relación con los medios de prensa en que trabajó?
Todos esos momentos de la política chilena o de la crisis que vivió Chile que obviamente partieron el 73, yo los empecé a vivir desde la fotografía más tarde, alrededor de los 80 y empecé a tener una relación más estrecha con los sucesos políticos, todas las escenas y situaciones que se dieron de violación a los derechos humanos, de represión, de represión a los medios. Fueron momentos muy importantes para la fotografía porque ahí se formó un movimiento fotográfico contestatario al régimen, acompañando al movimiento político de protesta que se empezó a dar en esa época. Fue parte de una explosión social. El año 83 cuando empezaron las protestas básicamente, surge este movimiento fotográfico que aborda la temática social, la represión, las protestas, el lado político, que no había sido abordado, prácticamente sólo algunas miradas parciales, no como un cuerpo de gente, y las aborda desde una perspectiva también interesante porque se sale del registro de hechos y entra a compartir un terreno del autor, junto con registrar, busca contar, mostrar, ser testigo de lo que sucede. Es una forma autoral por así decirlo, donde hay propuestas distintas de cada persona, que cuenta esa historia desde un punto de vista de su lenguaje y estilo bastante propio. Creo que eso marca, sobre todo a esta generación de fotógrafos de los 80 y también a los fotógrafos que vienen después.

Revista Cauce 1984. © Miguel Angel Larrea

En relación con los medios de prensa, en el primer medio que trabajé fue la revista La Bicicleta, bajo un sistema de trueque, éramos amigos que fundamos e hicimos la revista. Fue una experiencia interesante que no se había dado hasta esa época, teníamos una revista cultural con pocos recursos, pero con harto ánimo, sacábamos en principio un número al mes y después empezamos a sacar uno cada quince días. Sufrimos también las consecuencias de la represión donde nos cerraron, nos quitaban las revistas de los quioscos, no era posible contar las historias tal como uno las estaba viendo, sino que había que darle un barniz de algún tipo para que no te cerraran completamente y pudieras decir lo que querías contar. En la fotografía era un poco más complejo. Una vez nos censuraron cuando censuraron la fotografía en todos los medios, fue algo increíble, único en la historia, no conozco otra experiencia. Censuraron las fotografías de los medios de oposición, yo colaboraba en algunos de ellos, y La Bicicleta si bien no la censuraron en un principio, la censuraron después porque nosotros publicamos las fotos que no habían sido publicadas en los otros medios.

Revista La Bicicleta 1984. © Miguel Angel Larrea

La fotografía cumplió un rol muy importante en esos tiempos, porque la fotografía no solamente fue un documento que registraba lo que se estaba haciendo, sino que también era un testimonio, una denuncia y, por lo tanto, así era entendido por el régimen. En ese sentido, cumplió un rol importantísimo, que yo me atrevería a decir que aún no ha sido destacado lo suficiente por quienes después estuvieron en el poder. Desconozco homenajes que se hayan hecho desde las fuerzas de oposición al grupo de fotógrafos destacados que hicieron un trabajo de evidenciar y de una forma muy profesional, lo que estaba sucediendo en muchos de esos casos a costa de su vida. Creo que esa es una deuda que hay. Me parece que ha faltado un reconocimiento a esa generación de los 80, fotográfica, que estuvimos en las calles y no siempre desde una posición que fue la más fácil ni cómoda, haciendo una labor que fue importante en especial para dar cuenta hacia el exterior de lo que estaba pasando aquí en Chile y hacia la misma gente que, curiosamente para esas situaciones tan duras, que tenía gente herida o muerta al lado suyo, te pedían que le hagas fotos para dejar el testimonio. Mucha de la gente entendió tal vez mejor que lo que se entendió después, la importancia y el rol que estaba jugando la fotografía en Chile en esos momentos.

Santiago 1983. © Miguel Angel Larrea

Fui del equipo fundador del diario La Época donde me tocó un rol importante y me sentí bien honrado de crear un equipo fotográfico. La idea era que tanto en el diario, en lo escrito, tuviera un sello propio y distinto a lo que se estaba haciendo. Ese fue mi pedido también para trabajar ahí, hacer algo distinto, nuevo en la fotografía, incorporamos esta mirada, esta mezcla entre lo documental, lo autoral y el fotoperiodismo, en el fondo hacer un relato fotoperiodístico que fuera más allá del simple registro del hecho, sino que también contemplara que ese hecho iba a ser también parte del cuerpo fotográfico documental de Chile y que tenía que tener un sello, una mirada del autor como desde la petición del medio, en este caso mía como editor fotográfico.

© Miguel Angel Larrea

Háblenos del rol de editor, ¿en qué momento el fotógrafo pasó a convertirse en editor? ¿Puede un editor realmente reflejar lo que el fotógrafo desea expresar?
Debemos distinguir tipos de editores. Editores que trabajan para medios y donde el medio tiene una idea de qué historia quiere contar y está enfocado en eso, en el fondo le ha solicitado al fotógrafo qué reportaje quiere hacer, ese es un tipo de editor. El otro editor es el que agarra la obra, el material de un fotógrafo y trabaja sobre ese material para contar la historia o darle una mirada alternativa para contar la historia que el fotógrafo quiere relatar. Muchas veces cuando uno hace la edición de una exposición (curatoría) una de las cosas importantes es poder efectuar una relación con cierta amabilidad con el público que va a ver la obra, es decir, que haya un recorrido, la posibilidad de una lectura de lo que quiere exponer el fotógrafo, que se pueda dar esta interacción con el espectador. Lo más importante es que el fotógrafo se encuentre cómodo y satisfecho con lo que ha realizado. Un rol importante del editor es darle al fotógrafo una mirada externa a su obra en la medida que uno edita un material, una historia, un reportaje o un trabajo largo.

Yo creo que son dos experiencias distintas en lo fotográfico. Hay un momento de la toma y otro que es el de la selección de la fotografía, que es el rol que cumple el editor. En el caso de los medios esa edición tiene que ver con las propuestas editoriales fotográficas y de la forma que quiere informar el medio. Ahí hay un rol de un editor bastante claro y definido que decide finalmente cuál foto va a ser publicada. En los medios en que trabajé pedía esa atribución porque si como editor fotográfico no eres el que decide sobre la foto y deciden otros –en el caso de los medios, los periodistas, por ejemplo- no logras desarrollar un estilo fotográfico, por un lado, y por otro, no hay un ejercicio de evaluación de tu trabajo tampoco.

La Habana, Cuba. © Miguel Angel Larrea

Asociado a lo anterior, ¿cómo es el proceso de conexión con el autor al momento de armar un fotolibro? Como editor debe ver muchas imágenes, ¿cuál es el flujo de trabajo para poder seleccionarlas, qué criterios ocupa?
Lo que yo hago es tener medianamente claro, conversado con el fotógrafo, cuál es el concepto, cuál es la idea, qué es lo que está detrás de lo que quiere hacer, el fotolibro que quiere armar. Puede ser que el autor entregue todo su material al editor o puede ser un trabajo en conjunto. En lo personal, prefiero que haya un trabajo en conjunto porque el fotógrafo va conociendo la mano de uno y eventualmente va aprendiendo cómo hacer este tipo de trabajo, va a significar un aprendizaje que le va a dar más herramientas para cuando quiera hacer un trabajo en terreno.

El editor ve muchas imágenes, yo he estado trabajando con 5.000 fotos y en ese sentido no hay restricciones, porque lo más importante es lograr que el material fotográfico que uno vea cuente la historia que el fotógrafo quiere contar y la cuente de buena manera. La única restricción es el tiempo. El flujo de trabajo es primero la conceptualización, revisión de toda la obra, agrupamiento, selección, eliminar y después empezar a editar más fino, tomando en cuenta a aquellas fotografías que empiezan a ser más importantes para el relato final, que es lo último que se hace, cómo hacer la narración. Obviamente uno tiene que volver a los pasos anteriores, a rescatar fotografías que fueron eliminadas, a revisar la conceptualización porque estás llegando al final y de repente hay otros elementos que empiezan a aparecer y es importante destacarlos.

La Habana Cuba © Miguel Angel Larrea

Después viene todo lo que tiene que ver con diseño, tipografía, papeles, encuadernado, tapas, ese es otro proceso que lo hace un especialista que se empapa del trabajo que se hizo anteriormente. Idealmente que esté en el proceso, conozca al autor y trabaje también con él.

A su juicio, ¿qué define a un relato fotográfico efectivo y una fotografía de buena factura. ¿Debe el fotógrafo siempre tener en mente una idea preconcebida o ese proceso puede ser posterior y armar una historia con ese material en forma coherente?
Básicamente podríamos decir que es un relato que cuenta de la mejor forma posible la historia, que tiene un ritmo, un interés, una mirada, una coherencia y estética de contenido formal, son elementos que son los que aportan a que el resultado del relato sea efectivo. Que tenga una buena presentación y un buen diseño que respete ese relato, que lo levante y le dé fuerza. Un mal diseño puede hacer pedazos un relato fotográfico. Y básicamente tiene que ver también con qué tipo de relato, qué tipo de narración se quiere hacer, ya sea un fotolibro, multimedia u otro formato.

El fotógrafo no necesariamente debe tener una idea preconcebida, son distintas formas de acercarse al proceso creativo. Puede ser un proceso libre que puede terminar en un trabajo como un fotolibro, que puede contar una historia, y lo otro es tener una idea preconcebida y hacer este relato. Muchas veces se da una mezcla, hay un trabajo creativo previo que al revisar con un editor se empieza a encontrar ciertos elementos comunes que pueden dar para trabajar una historia que son insuficientes y, por lo tanto, el fotógrafo empieza a realizar fotografías con esa concepción de un relato que partió de una cantidad de imágenes que tenía. Eso en general es lo que más se está dando ahora, porque la gente hace muchas fotografías sin una idea preconcebida y cuando uno empieza a revisar su material te das cuenta de que hay ciertos elementos comunes en su portafolio, su archivo, y a partir de ahí se empieza a generar un cuerpo de obra que puede ir avanzando con adjuntar más elementos como imágenes, videos o audios, dependiendo de lo que quieres hacer.

La Paz 2015. © Miguel Angel Larrea

Desde su punto de vista, ¿cómo ve el futuro de la “industria editorial de autor”?
La industria editorial de autor tiene dos partes. Ha habido un gran auge del fotolibro en estos tiempos, se ha revalorado nuevamente la necesidad de imprimir el trabajo, que tiene también partes interesantes porque cuando tú imprimes ya es una obra que está completa, es el “hijo que se va de la casa”, es una obra finalizada y puedes pasar a otro proyecto. Lo otro es que hay más autores, más fotógrafos haciendo fotolibros que gente interesada en comprarlos, ése es un problema. El que hace un fotolibro es un fotógrafo muy destacado o sus fotolibros son comerciales, con mucha posibilidad de venta, si no lo que el fotógrafo tiene que hacer es contemplar dentro de su proyecto tener una bodega, porque generalmente cuesta mucho venderlos.

Cuál cree usted que es el rol de la fotografía y sus autores en tiempos de pandemia y cómo esta emergencia sanitaria ha impactado en festivales y otras iniciativas.
El rol de la fotografía es registrar este hecho insólito, inesperado, que ojalá no lo volvamos a ver. El hecho de tener a casi el mundo entero metido dentro de sus casas casi al mismo tiempo, es bien curioso por decir lo menos. Hay un rol importante de registrar, de documentar todo esto que está sucediendo como testimonio para el futuro, ese es el rol de la fotografía documental, dejar un testimonio y hacer un relato de lo que el fotógrafo está viendo a su alrededor, lo que pasa con la gente, con el mundo. Hay un rol de mucha responsabilidad de relatar lo que está sucediendo y una cosa no menor que es relatarlo bien. Lo que estamos viendo son millones de fotos de lo que está pasando, pero cuántas de esos millones de fotos son realmente fotografías que dan cuenta de buena manera lo que está sucediendo. No solamente es ir a sacar una foto a una mascarilla sino contar una historia, por ejemplo, del proceso de esa mascarilla que está terminando ahora en el mar. Tiene que haber detrás un concepto, una idea, una reflexión del fotógrafo sobre lo que va a hacer. No es hacer fotografías dándose vueltas por la calle, sino que lo que estamos haciendo es dejar un testimonio de lo que está sucediendo.

Y esto ha afectado a los festivales y otras iniciativas, positiva y negativamente. Por ejemplo, el Festival de Fotografía de Valparaíso, cuyo Directorio integro como director de la Brigadas del Festival, ha significado que nos hemos abierto a ser un festival virtual, hemos desarrollado una plataforma nueva, distinta, que no se había desarrollado nunca y no nos habíamos puesto a investigar y trabajar desde esa posibilidad. Hemos tenido la posibilidad de incorporar a mucha gente del mundo que se está relacionando, una brigada que es una persona de Perú, una persona de Ecuador y una persona de Chile, se formó una brigada multipaíses. Hay una experiencia distinta que va a tener que ser tomada en cuenta si hay nuevamente festivales presenciales. Nosotros en HUMO hacemos conferencias viernes por medio donde hemos invitado a gente de distintos países que jamás habíamos tenido en Chile. Cuando hacemos conferencias presenciales asisten muy pocas personas y aquí tienes un público permanente de 100 o 120 personas promedio que están asistiendo.

Lo mismo pasa con los talleres que yo hago, tengo talleristas de Australia, Alemania, Canadá, Temuco, Villarrica, Antofagasta, Arica o Santiago, a quienes se les dificultaría mucho la posibilidad de asistir a un taller presencial por los horarios, los desplazamientos, etc. Para mi gusto ha impactado positivamente en los festivales o en las iniciativas que se están haciendo.

Miguel Angel Larrea

También estamos haciendo los workshops online, es un proyecto nuevo e interesante, hemos hecho también fotolibros digitales. Otro tema importante es que no sólo estamos haciendo workshops para profesionales o aficionados avanzados, sino que hemos abierto un campo interesante que no habíamos tomado que es trabajar con fotografía más inicial, obviamente incorporando todo esto del relato, de crear historias, que la fotografía no es sólo un acto reflejo, sino que hay un concepto detrás que trabajar.

Finalmente hablemos de aspectos técnicos, ¿cuál es su cámara y formato favorito? ¿cuál prefiere? ¿qué recomienda a quienes se inician en la fotografía?
Técnicamente no tengo una cámara o formato favorito, la verdad que hace tiempo que no hago fotos porque me transformé en editor y tampoco recomiendo cámaras porque depende de lo que uno quiere hacer, cómo quiere expresarse, contar la historia y tal vez puedes tener una cámara o múltiples cámaras para ver cuál es la que más se acomoda. A un fotógrafo callejero le debiera acomodar una cámara de tamaño más reducido que una cámara grande, pero tú ves que fotógrafos como David Burnett han cubierto las Olimpiadas con cámaras de placas y han hecho trabajos estupendos, y todos los fotógrafos alrededor están con lentes de 400 o 600 mm y él está al lado de ellos con una cámara de placas. Conozco fotógrafos que han venido al festival y han conseguido una cámara de negativo, son fotógrafos mundiales.

Obviamente que el trabajo netamente periodístico tiene algunos requerimientos importantes como tener buenos teles, buenos gran angular, equipos luminosos, rápidos, confiables, de duración, que no sean de plástico para que no se te rompan. Hay varios elementos que debe tener un fotoperiodista, ojalá livianos. No descarto para nada los celulares que son tremendas cámaras también.

© Miguel Angel Larrea

Yo trabajé con cámaras 6×7, 6×4,5, 35mm, análogas, digitales, cámaras de full frame, otras de formato más pequeño, diferentes alternativas. Ahora tengo una cámara Canon muy chica que es espectacular, que tiene una resolución muy buena, buenos colores, antes tenía una Fuji Film que también era espectacular.

Obviamente siempre he sentido ese llamado a hacer fotografía que es en lo que yo empecé. Afortunadamente me tocó ser editor muy temprano y hacer fotografía era menos posible, había un equipo de gente que tenía la labor de hacer fotografías y la labor mía era editar. Aun así, hice mucho material también y una de las cosas que estoy haciendo es revisar ese material, escaneando algo, ver que tengo y si de ahí se puede sacar alguna cosa que pueda materializarse en algo impreso. También he estado haciendo algunos registros personales, hay un par de temáticas, ideas, conceptos que estoy desarrollando muy tímidamente, no me he puesto plazos todavía y obviamente interrumpidos por todo lo que ha estado sucediendo desde octubre.

Miguel Angel Larrea


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© 2019 Caption Magazine. ISSN 0716-0879

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