Fotografías: Alisa Resnik
Texto: Jeremy Mercer

El encuentro con un ser humano significa estar despierto por un enigma.
-Emmanuel Levinas 

La mecánica cuántica, uno de los logros más importantes de la ciencia, nos ayuda a entenderlo todo, desde los movimientos de las partículas subatómicas hasta el desarrollo de la evolución estelar.

Sin embargo, la verdad es que la teoría puede resultar bastante difícil de comprender.

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Uno de los aspectos más desconcertantes es el entrelazamiento cuántico o la posibilidad de que una partícula pueda existir en dos estados diferentes al mismo tiempo. Esta dualidad se presenta debido a que las partículas son tan elusivas que es casi imposible medir sus propiedades, lo que significa que sólo se pueden describir mediante funciones de onda representativas de las fluctuaciones en su comportamiento. Sería algo así como intentar establecer la localización de un terrorista, en Tokio o en Roma; incluso si no existe la posibilidad de identificar al criminal, por razones de seguridad se deberá asumir que aquél se halla en ambas ciudades al mismo tiempo.
 
© Alisa Resnik
 
La idea de que algo pueda existir en dos estados completamente diferentes parece algo absurda. Para ilustrar este absurdo, el físico Erwin Schrödinger ideó uno de los experimentos mentales más famosos de la historia. En este experimento, Schrödinger propone un sistema formado por una caja cerrada de acero que contiene un gato en su interior, un frasco de gas venenoso y un dispositivo que contiene una partícula radiactiva con una probabilidad del 50% de desintegrarse en un tiempo dado, y si esto ocurre, el veneno se libera y el gato muere.
 
© Alisa Resnik
 
Al cabo de una hora, hay una probabilidad del 50% de que la partícula se haya desintegrado y el gato esté muerto, y un 50% de probabilidad de que ocurra lo contrario, por lo que, de acuerdo con el entrelazamiento cuántico, la partícula se habrá desintegrado y no se habrá desintegrado y, en consecuencia, el gato estará «vivo» y «muerto» al mismo tiempo. Y aquí es cuando la teoría se estrella contra la lógica. ¿Un gato vivo y muerto al mismo tiempo? Parece extraño.
 
© Alisa Resnik
 
Hace poco tiempo, el físico de partículas Hans Christian von Baeyer aclaró algunas cosas. A través de una teoría denominada bayesianismo cuántico, abreviado en inglés Qbism, von Baeyer afirmó que la situación del gato parece extraña porque, ciertamente, lo es. La física cuántica clásica describe un mundo teórico con múltiples posibilidades; el bayesianismo cuántico afirma que, una vez que nos situamos en la vida real, las cosas se fijan. Si un policía se enfrenta cara a cara con el terrorista en Japón, puede confirmar su ubicación específica, y si usted se sitúa frente a la caja cerrada de acero, el gato estará vivo o muerto. Es decir, teóricamente son posibles múltiples realidades, pero en el instante en el que se produce el contacto humano, se establece una única realidad.
 
Y como suele suceder, las artes pueden haber noqueado a las ciencias. En la década de los sesenta, el filósofo francés Emmanuel Levinas escribió sobre cómo este tipo de contacto humano se convierte en la base de la identidad. Levinas consideraba que la condición humana es Auida. Cada persona lleva dentro de sí innumerables posibilidades y su identidad personal adquiere existencia física sólo en el momento en el que hace frente a los demás. Al igual que con el bayesianismo cuántico, el filósofo considera que la realidad se establece solamente en aquellos momentos de encuentro humano. Después, al igual que ocurre con el gato que teóricamente está vivo y muerto, una persona vuelve a su condición fluida.
 
© Alisa Resnik
 
Rara vez ocurre que este fenómeno sea más evidente que en el caso de la fotografía. Se fija temporalmente una identidad, que queda definida por el encuentro entre un fotógrafo y el sujeto. Una vez que se termina este encuentro, ese momento sólo sobrevive en la imagen. Esta es la razón por la que la fotografía de Alisa Resnik inspira una combinación tan inquietante de temor y dolor. Sus retratos evocan una belleza humana sorprendente y compleja. Sin embargo, también hay momentos de una sutil tristeza que el tiempo se ha encargado de disolver y que nunca podrán recuperarse. Uno de los elementos esenciales de esos momentos es el hecho de que Resnik no se considera a sí misma una fotógrafa. Para ella, la cámara es sólo una herramienta. Lo fundamental es el encuentro, y su objetivo es la conexión humana. Las imágenes son fortuitas, momentos a evaluar con posterioridad y valorar sólo si respetan la autenticidad del encuentro.
 
© Alisa Resnik
 
Tal vez lo único que resulta más difícil de medir que los movimientos de las partículas cuánticas son los giros impredecibles en la vida de cada individuo. “El uno El otro” proporciona una somera valoración de estos misterios. Se trata de una idea fugaz, pero que alude a la sublime profundidad de la existencia.
 

Acerca de la Autora:

Nacida en 1976 en San Petersburgo, Alisa Resnik vive en Berlín. Después de estudiar Historia del Arte comenzó a tomar fotografías en 2008. Su obra ha sido expuesta en Roma, Milán, Madrid y en Les Rencontres d’Arles, así como en PhotoEspaña Descubrimientos 2009, seleccionada en los Nuevos Talentos del Musée Suisse de l’appareil Photographique de Vevey. Recibió una mención especial en el Concurso Winephoto en 2008 y ganó el 2do lugar en la misma competencia en 2009.

Sitios Web:

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