Sonia Celma: construir una imagen desde la fragilidad

Sonia Celma: construir una imagen desde la fragilidad

Entrevista: Nacho Izquierdo

«Columna» nace de una experiencia profundamente íntima. ¿En qué momento sentiste que esa vivencia dejaba de ser únicamente personal para convertirse en un proyecto fotográfico que podía dialogar con los demás?

El proceso de Columna no fue constante ni inmediato; tuvo varias fases de maduración. Al principio, me refugié en los tratados de arquitectura del Renacimiento. Creo que empecé desde ahí porque el tecnicismo y las estructuras me hacían sentir segura y protegida; era una forma de mantener mi parte emocional oculta y bajo control. Sin embargo, la creación artística tiene una fuerza propia y, poco a poco, te empuja a que las emociones afloren y construyan el relato. El verdadero punto de inflexión ocurrió al empezar a compartir el trabajo, especialmente en el contexto del Máster MAPA. El diálogo con mis profesores y compañeros fue el catalizador que permitió que esas emociones tan profundas salieran a la superficie. Fue en esa escucha donde entendí que mi vivencia conectaba con lo universal.

Como arquitecta y fotógrafa, ¿en qué punto ambas disciplinas dejan de ser dos lenguajes distintos y comienzan a alimentarse mutuamente dentro de un mismo proceso creativo?

Ambas disciplinas para mí dejan de ser independientes en el instante en que me doy cuenta de que mi forma de construir la imagen es puramente arquitectónica. El proceso creativo de la arquitectura consiste en conceptualizar el espacio tridimensional en la mente para luego dibujarlo en un plano bidimensional. Dibujar perspectivas te obliga a controlar los volúmenes, las luces y las sombras. Y en esto coincide completamente con mi forma de fotografiar, de ahí también el blanco y negro. En el proceso de positivado de la fotografía, para mí es como estar ante un dibujo.

Tus fotografías transmiten una enorme sensación de contención. ¿Cuánto hay de intuición y cuánto de planificación en el momento de construir cada imagen?

La sensación de contención creo es la fusión de la planificación y de la intuición. Al venir de la arquitectura, la planificación es mi punto de partida natural: hay un control de la geometría, de la luz, de la estructura bidimensional del encuadre. En muchas ocasiones las imágenes las planifico en mi cuaderno de notas. Pero siempre sucede que en el momento de la captura sucede algo imprevisto que mejora lo proyectado. Siempre le doy espacio a la intuición cuando se produce.

Vivimos rodeados de imágenes que buscan el impacto inmediato. Tus fotografías, sin embargo, parecen exigir silencio y tiempo. ¿Crees que hoy seguimos sabiendo mirar despacio?

Creo sinceramente que nos cuesta más que antes, y por eso debemos combatir la inercia de las pantallas, que están transformando nuestra forma de mirar. Debemos apostar por los formatos físicos: la exposición y el fotolibro. Tanto el recorrido por una sala como el pasar las páginas de un libro exigen, por su propia naturaleza, un cuerpo presente y un “tiempo”. Son espacios de resistencia. En este compromiso debemos involucrar especialmente a los jóvenes; a diferencia de nuestras generaciones, ellos han crecido en la cultura de la inmediatez digital. Quizás estén perdiendo la costumbre de mirar despacio, y nuestro deber como creadores es ofrecerles lugares donde puedan —y tengan que— aprender a hacerlo de nuevo.

Vivimos un momento en el que la mayoría de las fotografías se consumen en una pantalla. Sin embargo, Columna ha sido impresa sobre papel fotográfico profesional de Fujifilm para su exhibición en PHotoESPAÑA. ¿Cómo cambia la lectura de una imagen cuando pasa del monitor a una copia expositiva y qué papel juega el soporte en la construcción del discurso visual?

Aprovecho esta pregunta para mostrar mi sincero agradecimiento a Fujifilm por hacer posible la producción de Columna en PHotoESPAÑA, y a EspacioRaw por su fantástico trabajo con el papel de algodón mate Fine Art de Fuji. Cuando una imagen pasa del monitor a la copia expositiva, cambia por completo nuestra relación con ella. En la pantalla la fotografía se consume; en la pared, se habita. Para mí es cuando en un proceso de construcción, los planos se transforman en arquitectura. El soporte Fine Art juega un papel fundamental en el discurso de Columna: al eliminar el brillo y ofrecer esa textura mate tan orgánica, invita al espectador a acercarse y a conectar con la parte más íntima del proyecto.

La fotografía documental suele asociarse a mostrar lo visible, pero en tu trabajo parece más importante aquello que permanece oculto o sugerido. ¿Cómo se fotografía algo tan intangible como el miedo, la incertidumbre o la aceptación?

Lo que más me atrae de la fotografía es, precisamente, lo que no se ve. Para mí, el reto está en generar emociones y sensaciones a través de lo inefable. Esto, por supuesto, requiere tiempo y espacio por parte del espectador; exige una mirada activa. Lo verdaderamente maravilloso de lo intangible es que no impone un significado cerrado: permite que cada persona interprete la imagen y rellene los silencios desde su propia situación o estado emocional.

En tus imágenes existe un equilibrio muy preciso entre emoción y forma. ¿Alguna vez has sentido que una fotografía técnicamente perfecta podía debilitar el discurso del proyecto?

Si soy honesta, tengo que admitir que sí, y es ahí donde en ocasiones he recibido críticas a mi trabajo. Viniendo de donde vengo, la estructura y el control formal están en mi forma de fotografiar, y soy consciente de que la perfección técnica puede llegar a ser fría y distante. Si miras mis fotografías de forma rápida, en un vistazo superficial, pueden transmitir esa rigidez. Pero el juego de Columna es otro: si les dedicas el tiempo necesario, siempre vas a descubrir esa grieta; una imperfección, un imprevisto o una tensión que desestabiliza el orden. No busco la imperfección evidente, sino ese sutil quiebro donde la estructura perfecta se humaniza a través de la emoción.

Muchos fotógrafos sienten la necesidad de empezar un proyecto, pero pocos consiguen sostenerlo durante años. ¿Qué consejo darías a quienes buscan desarrollar un trabajo de largo recorrido sin perder la motivación ni la honestidad?

En mi caso, Columna pasó por etapas muy diferentes. Tras un primer año muy intenso de investigación y toma fotográfica, sentí que el trabajo estaba cerrado; al fin y al cabo, un proyecto nunca se acaba, solo se abandona. Pero entonces llegó la Beca de La Kursala en el Seminario de Albarracín, y el proyecto entró en una segunda fase radicalmente distinta porque el propósito ya era construir un fotolibro. De pronto, la motivación se renovó porque el reto era otro: traducir ese universo visual al lenguaje del papel, las páginas y la edición. Si tuviera que dar un consejo, sería este: entiendan el proyecto como un organismo vivo. Para sostener un trabajo durante años sin traicionar tu honestidad, hay que perder el miedo a cambiar de rumbo. Los proyectos de largo recorrido no sobreviven por ser rígidos, sino porque encuentran estímulos nuevos en el camino.

Tras recibir el reconocimiento de Descubrimientos PHotoESPAÑA y presentar “Columna” en la Sección Oficial del festival, ¿ha cambiado tu forma de entender la responsabilidad que implica mostrar un trabajo tan personal al público?

Desde luego, formar parte de la Sección Oficial de PHotoESPAÑA te otorga una visibilidad sin precedentes y te sitúa en un escenario donde esa responsabilidad se hace muy real. He reflexionado mucho sobre lo que conlleva exponer algo tan íntimo. Sin embargo, creo que la clave ha sido la propia metodología del proyecto. El haber trabajado desde la contención, lo inefable y lo intangible me ha permitido construir un puente hacia la emoción del espectador, conectando con lo universal. Esa distancia es la que me permite ser generosa con el público y, al mismo tiempo, proteger mi intimidad como persona. Mostrar la cicatriz sin tener que exhibir la herida.

Si pudieras volver al inicio de este proyecto y hablar con la Sonia que hizo la primera fotografía, ¿qué le dirías hoy después de todo el camino recorrido?

Mirando atrás, sabiendo el vértigo que sentía al principio y todo lo que ha venido después, me emocionaría mucho mirarla a los ojos. Creo que simplemente le diría: “Sonia, vas a descubrirte”.

La autora, Sonia Celma.

This interview was originally published in the context of PHotoESPAÑA and has been adapted for CAPTION Magazine.

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© 2019 Caption Magazine. ISSN 0716-0879