Víctor Ruiz: Las Maras

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Maras: ¬ŅMafia, narcotraficantes, pandilleros o simples v√≠ctimas de la sociedad?

Por Víctor Ruiz

El reportaje proporciona una mirada íntima y detallada sobre la vida dentro de las pandillas en El Salvador, específicamente la Mara 18, desde la perspectiva del autor, Víctor Ruiz Caballero. Se sumerge en las complejidades de la vida de los pandilleros, desde sus luchas diarias hasta sus relaciones internas y externas con la sociedad y las autoridades.

El autor retrata a los miembros de la pandilla como personas con historias individuales y aspiraciones, aunque atrapadas en un ciclo de violencia y marginalización social. Destaca la importancia de la familia, la amistad y la lealtad dentro de la pandilla, así como los desafíos que enfrentan, como la violencia, las drogas y la intervención policial.


A trav√©s de sus experiencias personales, el autor muestra c√≥mo gan√≥ la confianza de los pandilleros y pudo acceder a su mundo interior, capturando im√°genes y relatos que ofrecen una visi√≥n √ļnica y conmovedora de la vida en las pandillas salvadore√Īas. Al mismo tiempo, reflexiona sobre las causas subyacentes de la participaci√≥n en pandillas, se√Īalando la falta de oportunidades y el legado de la guerra civil en El Salvador como factores clave.


En √ļltima instancia, el autor aboga por un mayor entendimiento y empat√≠a hacia los j√≥venes atrapados en las pandillas, as√≠ como por soluciones m√°s profundas y estructurales para abordar las causas subyacentes de la violencia y la marginalizaci√≥n en la sociedad salvadore√Īa. Su relato deja claro que detr√°s de los tatuajes y la apariencia amenazante de los pandilleros, hay seres humanos con sue√Īos y aspiraciones, cuyas vidas podr√≠an haber sido diferentes en circunstancias diferentes.

 

La guerra civil a principios de la d√©cada de los 80 obligo a emigrar a un mill√≥n de personas desde El Salvador. La mayor√≠a se ubic√≥ en la ciudad de Los √Āngeles, California. Familias totalmente desintegradas, j√≥venes, v√≠ctima de la violencia desde ni√Īo; el tener que abandonar la escuela para trabajar y quedar sin estudios, los llev√≥ a la violencia y a las drogas para sobrevivir de los ataques¬† en donde hoy les tocaba vivir.

Sus integrantes, todos latinos, comienzan a ser liderados por mexicanos, que representan la mayor cantidad de inmigrantes en California. Pero luego surgen sus contrincantes o enemigos, que son los salvadore√Īos que forman la llamada “Mara Salvatrucha” y a partir de ese momento comienzan a librar batallas c√°mpales en busca de dominios de territorios.

Estados Unidos inició una política de deportación de criminales, muchos de ellos pandilleros de la M-18 o de su rival la Mara Salvatrucha (MS). Las pandillas son consideradas uno de las principales pandemias que diezman países como México, El Salvador, Guatemala, Ecuador, Honduras, Canadá y muchas ciudades de Estados Unidos, esta gente regresó a sus hogares, pero llevaron todo lo que habían aprendido en Los Angeles, como robar, vender drogas y matar. Crecieron y establecieron una red de intercambio.

Jovanny Flores Orellana,19,( Izquierda) permanece detenido en la delegacion de Soyapango por pertenecer a la Mara 18 hoy en San Salvador. El Salvador 9 de diciembre del 2003. Unos 70 mil pandilleros aproximadamente pertenecen a las maras 18 y MS en todo Centroamerica. La creacion de un Paln regional para combatir a las pandillas, se analizara en la Cumbre Centroamericana el 19 de diciembre en Belice. (Foto/Victor Ruiz Caballero)

Mi primer contacto‚Ä®

Cauto y un poco nervioso por lo ignorante que me sent√≠a¬† por no saber sobre¬† la organizaci√≥n que pod√≠a existir dentro de la Raza18, (no les gusta que los traten de Mara¬† como sus adversarios MS13), me reun√≠ con el contacto. El primer paso, fue ir a la misma clica (lugar o zona donde operan) para hacer acto de presencia¬† y conocer¬† a la¬† raza en terreno. Ya en el lugar, no tardaron en hacerse presente en el mercado de El Parque Libertad, una paradoja por la situaci√≥n que se ve¬† cada 15 minutos. La misma Pandilla que estaba contactando, cobraba peajes a los micro-buseros,¬† por la protecci√≥n, para no ser asaltados.¬† Un grupo de muchachos¬† de no mas de 14 a 20 a√Īos de edad, hoy vestidos de camisa de cuello y cachuchas (gorras) los hombres,¬†¬† y las mujeres con sus blusas y pantalones, para no ser tan visibles por sus tatuajes a los ojos de la Mano S√ļper Dura, impuesta¬† presidente Antonio (Tony) Saca, ley anti-mara improvisada 6 meses antes de las elecciones presidenciales de marzo del 2004.

Mir√°ndonos de un extremo a otro, como estudiando nuestros movimientos, con la desconfianza que amerita la prensa sensacionalista local, uno a uno se nos acercaban como lo har√≠a una fiera antes de abalanzarse sobre su victima del d√≠a.¬† Una raza, una familia, como ellos se autodenominan, funcionan como un solo eje sin tener un capataz que les ordenara la faena del d√≠a.¬† Todos, vestidos como cualquier civil, identific√°ndose con sus propios modismos y se√Īas o signos que solo ellos identifican.

Un miembro de la mara salvatrucha es visitado por su novia en la Carcel de Quezaltepeque. San Salvador, El Salvador 4 de noviembre del 2003. El “Plan Mano Dura” impuesto por el presidente Francisco Flores contra las maras, pretende desarticular a todas las pandillas del pais. (AP Photo/Victor Ruiz Caballero)

Saben que lo que hacen no esta bien, incluso una de ellas, la Chola, una mujer de nos mas de 23 a√Īos de edad, vestida como cualquier vendedora del mercado, acompa√Īada de su hija de 6 a√Īos,¬† se sincera y¬† nos dice: ‚ÄúYo no quiero esto para mi hija‚ÄĚ, su rostro no se ve√≠a muy convencido, por el escaso ofrecimiento social que tienen en su pa√≠s.¬† La Chola, nos conversa, m√°s bien, nos interroga, con un ojo atiende a la raza y con el¬† otro a nosotros en el Parque Libertad.¬† A ella, La Chola, le cay√≥ la primera propuesta de historia que llevaba en mente.

Lograr entrar en su hogar para poder retratarla en sus labores diarios de madre. No muy convencida, miraba de re-ojos al contacto, con complicidad y  a mi con desconfianza. Advirtiéndonos, nos dijo que el tema era muy delicado, sobre todo porque ya muchas veces les habían ofrecido no publicar las fotos que se habían dejado hacer dentro de su país y luego aparecían en páginas centrales de periódicos locales de gobierno. Intercede el contacto, para calmar su desconfianza diciéndole que con nosotros no tendría ese problema.

Mas tarde, ya est√°bamos en medio de la misma raza, los cuales nos preguntaban el por que, donde, y cuando? se ver√≠a esta historia que quer√≠a desarrollar. No paso mucho rato, cuando intentaba convencerlos para que accedieran al reportaje, se dejo caer la “chota” (Polic√≠a Nacional Civil), y en un casi suspiro, los 10 integrantes que nos rodeaban, desaparecieron dentro del mercado sin dejar rastro de su existencia.

La chota, con la prepotencia que los caracteriza, al ver que el pu√Īado de pandilleros se les escurri√≥ sin dejar la m√≠nima se√Īal, nos caen en cima para hacer la revisi√≥n rutinaria que les pide el Plan MSD. ‚ÄúPar√©ense de ah√≠ !¬† Abran las piernas, las manos en la nuca, que hacen en este lugar? ‚Ä̬† Como delincuentes comunes y a vista de todo el mercado, nos revisaron cada extremo de nuestro cuerpo en busca de droga, alg√ļn arma o elemento corto punzante. Luego al ver que no ten√≠amos nada, nos pidieron que nos identific√°ramos con nuestro Documento. Un poco molesto por el procedimiento y avergonzado por el registro indigno que nos hicieron, sin antes pedirme que me identifique, hice notar mi molestia a la PNC (Policia Nacional Civil). Ya con el tono m√°s reposado, y de asegurarse que no √©ramos pandilleros o compradores de droga, nos explicaron el porque primero registraban y luego preguntaban quienes √©ramos.

Nuestro contacto nos dijo que mejor sali√©ramos del lugar, porque ya con la chota(PNC) encima, seria en vano lograr hacer contacto nuevamente con la raza. Nos fuimos a pocas cuadras cerca del Parque, en donde nos encontramos¬† con¬† un gentil hombre de no m√°s de 35 a√Īos, apodado la Ara√Īa. Entre dientes el contacto mordi√≥ palabras para intentar decirme que este era uno de los duros del lugar. El contacto nos presento como sus amigos de confianza para lograr tener una charla con el. Le hablamos del tema, mi visi√≥n pol√≠tica de la ley anti-mara, el problema social que este arrastraba de anta√Īo, que la ley Mano S√ļper Dura, no era la opci√≥n de arreglar este problema social, cosa que ellos tienen muy claro. Explique tambi√©n, lo que intentaba hacer y mostrar con mi reportaje, todo para poder convencerlo de convivir un par de d√≠as con la Raza (mara 18) y de dejarnos entrar a su clica (zona donde opera la pandilla) sin tener que preocuparnos de cuidar nuestras espaldas al momento de sacar la c√°mara.

El Chobi (17),izquierda, miembro de la pandilla Mara 18, recibe humo de marihuana de parte de la homegirl Snyke. San Salvador abril 2005. (Foto/Victor Ruiz Caballero)

La ara√Īa se interes√≥ en el tema, y nos invit√≥ a pasar a unos de sus locales de venta de popusas (tortillas de maiz rellenas con queso) y cervezas. Con la primera cerveza apago la sed, la segunda nos puso en el tema y advirti√≥ de sus riesgos, en la tercera nos aconsejo donde pod√≠amos encontrar a unos de sus viejos estandartes, el Viejo Lin, el cual, aun dentro de la c√°rcel, manejaba su propia clica dando ordenes por celular.¬† Con la cuarta nos pidi√≥ que mejor habl√°ramos con el Muerto, el cual pronto aparecer√≠a. La quinta me explicaba todo sobre sus ventas y negocios, tranzaba sin ning√ļn tapujo con sus contactos en M√©xico, preguntado por la llegada de 5 menores, se trataba de trafico de personas hacia el norte, EEUU, sigui√≥ ofreci√©ndome cervezas, tomamos solo por adquirir mas confianza, esperando al m√°ximo, el Muerto. Pronto apareci√≥, tan vivo y sobrio, con un par de guardaespaldas que vigilaban dentro y fuera de la peque√Īa tienda que hasta ahora era solo para nosotros. ‚ÄúEl¬† Muerto‚ÄĚ, con una solidez en su rostro moreno, ojos hendidos y p√≥mulos salientes, arribo al antro en un auto del a√Īo, de cristales polarizados y pintura met√°lica. Yo, un poco tocado por el alcohol y √©l con una serenidad que pon√≠a los pelos de punta, me dejo claro el porque de su apodo. Me¬† pidi√≥ explicar nuevamente que era¬† lo que quer√≠a y el lugar donde se publicar√≠a todo el material. El contacto, para calmar su inquietud y desconfianza, dejo caer toda su influencia que le daba el haberlo¬† curado y sacado meses antes¬† una bala de¬† su hombro derecho, por un encuentro entre pandillas, hecho que no quiso delatar. Le hizo saber, que √©ra de total confianza y que no le har√≠amos ninguna jugarreta pol√≠tica, de las cuales √©l ya estaba agobiado de ver en las paginas centrales de los peri√≥dicos locales pro derecha.¬† ‚ÄúNo tendr√°s ning√ļn problema con el, es amigo de mi entera confianza‚ÄĚ,¬† le dijo, por cualquier cosa, ‚Äúsi las fotograf√≠as¬† que logra obtener¬† son publicadas dentro del pa√≠s, yo¬† me pongo a disposici√≥n de la raza‚ÄĚ.¬†¬† Agrego nuestro contacto. Aunque no era mi af√°n de pedir que ninguno de los que est√°bamos ah√≠, tuviera que ofrecerse como responsable, fue indispensable para lograr establecer una conversaci√≥n de afinamiento y log√≠stica sobre lo que ver√≠amos y escuchar√≠amos desde este mismo d√≠a.

Pudimos convencerlo, con una labia que no lo dejaba descansar, bombarde√°ndolo por¬† todos¬† lados, con la fluidez que me daban esas¬† cervezas que corr√≠a por mi sangre. Unos 25 minutos duro la entrevista, y la espera tres horas. ‚ÄúEsta bien‚ÄĚ me dijo el Muerto,¬† y en ese mismo momento, mi coraz√≥n dejo de sudar, por el estr√©s que mantuvo toda la entrevista. ‚ÄúMa√Īana mismo puedes llegar, pero antes habla con cada uno de ellos, para saber si quieren ser retratados.‚Ä̬†¬† ‚ÄúD√©jate caer en el Parque Libertad a las 12 del medio d√≠a‚Ä̬† ah√≠ te ver√©, agrego.¬†¬†¬† Ya era de noche en el coraz√≥n del gran San Salvador y en los casi 5 a√Īos que viv√≠ en el, era mi¬† primera vez que caminaba sin temer a que me asalten¬† o maten.

Al otro d√≠a‚Ķ El reloj marca las 12, y en el lugar hab√≠an 4 pandilleros hablando entre ellos, quiz√°s comentado la orden que hab√≠a dejado el Muerto. Me sent√© a esperar, no quise interrumpir su peque√Īa reuni√≥n. Luego se dejo ver la Chola, tambi√©n enterada de la reuni√≥n que hab√≠a tenido con el Muerto. ‚ÄúAhora estamos esperando a los dem√°s Home-Boy, para hablar sobre el tema, y ver que decidimos. Esp√©ranos aqu√≠ y pronto te daremos la repuesta‚ÄĚ dijo la Chola. La respuesta se alargo a un par de horas, la decisi√≥n no fue un√°nime, pero la Chola accedi√≥ a ser fotografiada en su hogar.¬† Me invito a su casa, y ya dentro de el, los dem√°s llegaban uno a uno.

Pidiendo permiso para mover cualquier m√ļsculo, pude sacar mi c√°mara, para que ella y su hija‚Ķ‚Ķ‚Ķ de 6 a√Īos se acostumbraran.¬† Luego llego ‚ÄúChobi‚ÄĚ, bicho al rev√©s, le pidi√≥ a su raza que le afeitaran la cabeza para poder lucir cada Tatuaje que ocultaba bajo el pelo.¬† Sin ning√ļn obst√°culo me¬†¬† dejo hacer fotos cuando se afeitaba la cabeza, la cual cada rasurada aparec√≠a una historia de su vida, contada en tinte negro. Sin darme cuenta ya estaba dentro de una familia, ahora,¬† solo tenia que seguir los pasos, con la cautela y tolerancia que ameritaba la delicada personalidad de cada uno de ellos.

Estuve todo el d√≠a, hasta que el atardecer, me¬† aviso que ya era hora de marchar. No quise seguir incomodando y me fui¬† satisfecho con lo que hab√≠a logrado ese d√≠a.¬† La familia, la uni√≥n, la amistad, los ni√Īos, la fidelidad y la marihuana que no faltaba, estaban retratadas con mi lente. Los deje, sin antes pedir permiso para poder volver muy temprano al d√≠a siguiente.¬† As√≠ fue, pero me encontr√© a la Chola tendida en su cama, herida de una pierna, por una bala que quedo alojada en el muslo. Nos dijo que fue un accidente, pero¬† los comentarios que se hac√≠an entre la raza que la visitaba, se comentaba que hab√≠a ido a dar de baja (a matar)¬† a una miembro de la Mara Salvatrucha (M13).¬† Nunca quedo claro, ni se supo quien fue la victima, ella no quiso entrar en detalles, era una misi√≥n secreta, encargada por los m√°ximos de la pandilla. Una tarea mas el d√≠a que tuvo que cumplir y yo, no quise seguir ahondando con mis preguntas. Lo normal en estos casos, las victimas aparecen decapitadas y dejadas separadas de su cuerpo en sitios eriazos en la periferia de la capital.

La llegaron a ver durante todo el d√≠a, y su hija de 6 a√Īos, se comportaba como que todo era normal. Nunca estuvo sola y menos le falto que comer. Sus amigas, tambi√©n de la raza se encargaban de cocinar y cuidar de ella y su hija,¬† los Home-Boy llegaban de a uno, trayendo consigo las verduras para el almuerzo y la cena.¬† Fue digno¬† ver esas escenas, la Gran familia de pandillas, actuaban como una sola, demostrando que la hermandad y fidelidad entre ellos era su primer c√≥digo de sobre vivencia.¬†¬†¬† Ese d√≠a me fui temprano, para que pudiera descansar. Sin antes preguntar en que casa viv√≠a el resto de la pandilla y le¬† ped√≠ si pod√≠a intervenir por m√≠, para que el resto de la pandilla me dejara entrar al edificio en donde estaban alojando. No hubo problema.

Me fui al edificio, para rondar el lugar. Era de noche, y los pandilleros disfrutaban del fresco que la noche les ofrec√≠a. Unos jugaban a la pelota y otros conversaban entre ellos en el portal del edificio.¬† Como ya antes me hab√≠an visto en la casa de la chola, los m√°s curiosos me pidieron ver las fotos, volvieron a preguntar para que o donde serian publicadas las im√°genes. Me explicaron los que les hab√≠an pasado con un fot√≥grafo de un peri√≥dico local. Estaban enojados por haber sido enga√Īados y defraudados por la confianza que hab√≠an entregado al fot√≥grafo. Todo esto hacia que la desconfianza hacia mi persona fuera mayor. Yo, no quise presionar, solo deje que tiempo pasara y se fueran acostumbrando a mi c√°mara. Un d√≠a m√°s, una noche m√°s. Todos entraron al edificio. La puerta cerraba a las 12 de la noche, nadie pod√≠a entrar y nadie pod√≠a salir. Medidas de seguridad, tomadas por ellos mismos.

Al otro d√≠a me fui a visitar a la chola nuevamente, no quer√≠a perder de vista su recuperaci√≥n. La acompa√Īe a hacerse curaciones al local de los camilleros, una especie de comandos de salvamentos, un grupo de j√≥venes voluntarios dispuestos a¬† trasladar heridos de accidentes en una ambulancia donada por alguna ONG de Los Estados Unidos y arriesgar su vida en los distintos rescates que ten√≠an en los diferentes desastres naturales que se viv√≠an¬† anualmente en el pa√≠s.¬† La Chola salio de su casa acompa√Īa de la snyke (serpiente)¬†¬† y de chobi (bicho al rev√©s), el rapado tatuado en la nuca.¬† Aunque iba apoyado en ellos y haci√©ndose la valiente, la Chola, recia con sus 80 kilos aproximados, caminaba tratando de cargar todo su peso en la pierna buena, pero su rostro no pod√≠a mentir, reflejaba todo el dolor por la bala alojada en su muslo, que con un pa√Īuelo entre sus dientes, mordiendo intentaba olvidar.¬† Necesitaba de un doctor y de una cirug√≠a inmediata para poder sacar esa bala, tambi√©n de unos buenos calmantes para dormir tranquila, pero no se arriesgaba a ir al hospital, porque sab√≠a que tendr√≠a que entrevistarse con la polic√≠a y¬† le preguntar√≠an los acontecimientos del d√≠a que le pas√≥ todo. As√≠ que los mas cercano que tenia, eran los camilleros, los cuales solo pod√≠an ver si la herida estaba infectada, hacerle curaciones superficiales y de paso recomendarle alg√ļn anti-inflamatorio y alguna otra pastilla para prevenir infecci√≥n. La Chola, se conformo con la curaci√≥n y regres√≥ a su casa con el dolor entre dientes, para esperar que la herida cerrara y que su cuerpo asumiera la bala al pasar los a√Īos.

Miembros de la Mara 18 son arrestados en Ciudad Delgado. El Salvador, Oct., 2003. Foto/Victor Ruiz Caballero.

La noche se dej√≥ ver muy r√°pido,¬† y mis d√≠as estaban escritos, solo ten√≠a cinco¬† d√≠as antes que mis pasajes de avi√≥n caducaran.¬† Esa misma noche acepte la invitaci√≥n de mi contacto para asistir¬†¬† a un local de fiestas en donde supuestamente llegaban pandilleros con sus Home-girl (novias). Pudimos entrar al antro, era todo un sub-mundo, no logre contactar a ning√ļn pandillero, pero disfrute mucho del ambiente del lugar. Me fui temprano, el cansancio pudo m√°s que mis ganas.¬† Al salir observe, que la PNC, estaba haciendo revisiones rutinaria, me vieron salir con mi c√°mara al hombro, no hicieron nada, y se fueron del lugar. Como todo era normal, segu√≠ mi camino y me fui a casa, craso error, al otro d√≠a me entere que la decisi√≥n de dejar el lugar fue la peor que hab√≠a tomado en todos esos d√≠as. En la noche hab√≠a llegado los pandilleros y la PNC se dejo caer al local. Contaba el contacto, que llegaron con un sopl√≥n, que apuntaba a miembros de la pandilla con el rostro cubierto. Tomaron detenido a unos 5, ninguno de los del edificio.

Los siguientes días los pude compartir con la raza del edificio, poco a poco me fui ganando la confianza. Tanto así, que la invitación se extendió hasta para conocer al máximo, Carlos Ernesto Mojica, apodado El Viejo Lin, el padre de los pandilleros de la Mara 18. Encarcelado por narcotrafico y acusado de haber dado muerte a varios de sus adversarios de la M13. La cita la realizó una de sus ex home-girls (la Chola), y al tener a toda la pandilla de mi lado, accedió rápidamente a que yo fuera a la cárcel de alta seguridad de Zacatecoluca a una convivencia que tendrían con sus familiares.

El miedo, me ten√≠a con¬† la adrenalina a tope, poder entrar a la c√°rcel saturada de pandilleros, mas de 400 miembros solo de la Mara 18,¬†¬†¬† era como meterme a la jaula del le√≥n, pero ya estaba ah√≠, y no pod√≠a dar marcha atr√°s. Los guardias o carceleros revisaron todas mis pertenencias, para luego llevarme a la oficina del alguacil, el cual me advirti√≥ que dentro estar√≠a solo y que pod√≠a pasar cualquier cosa, me hizo firmar una carta donde me hac√≠a cargo de mi vida bajo mi propia respondsabiolidad. Los guardias me llevaron a la reja que divid√≠a la libertad del enclaustro. Cuando llegamos a la puerta nos atendi√≥ un pandillero¬† que era el vocero. Ah√≠ esperamos mientras buscaban al Viejo Lin. Ya me parec√≠a raro tener que esperar con el guardia de seguridad, fuera del recinto, hasta que el Viejo Lin¬† apareciera. Despu√©s de los 20 minutos esperar, el Viejo Lin, apareci√≥ con un rostro y un aliento que dejaba claro que la fiesta estaba en pleno apogeo. Me llamo a que me acercara a la reja y me interrogo (pregunt√≥) sobre pol√≠tica, la vida cotidiana y la guerra de Irak, y otros. Despu√©s de haber dado su discurso pol√≠tico en contra del gobierno de Antonio Saca y sus medidas de seguridad antimaras, nos dejo pasar. El guardia que hab√≠an mandado para mi resguardo, fue el √ļnico que no puedo entrar. ‚ÄúUsted d√≠gale a su jefe que el estar√° bien con nosotros, no le pasara nada, le doy mi palabra‚ÄĚ dijo el Viejo Lin.¬† ‚ÄúSe√Īor, es que usted me pone en un problema, a mi me mandaron para que los acompa√Īara, me llamaran la atenci√≥n si ellos pasan solos‚ÄĚ, le replico el guardia. ‚ÄúNo se preocupe, le pondr√© tres guarda, d√≠gale eso a su jefe‚ÄĚ, dijo Lin. Y as√≠ fue, pasamos y con un movimiento casi militar, ordeno a tres mareros de su plena confianza que me acompa√Īaran a donde quisi√©ra pasar, y encargo que todos en la c√°rcel, que me atendieran con respeto.¬† Solo se nos concedieron dos horas de visita, fueron las dos horas mas corta de mi vida. Un galp√≥n, m√ļsica ranchera y luego hip-hop,¬† bailaban unas cien personas, entre¬† familiares, homegirls y amigos.¬† No hubo tiempo para interactuar¬† con cada uno de ellos, el tiempo estaba en mi contra y los guardas me llevaban a tirones para que pudiera alcanzar a visitar cada rinc√≥n de la c√°rcel y luego presentarme a su familia para que les tomara un recuerdo. El hubo¬† tiempo para empaparse de cada historia, solo de sudor por la apurada visita.

 

Hoy intento digerir todo lo que mis ojos alcanzaron a rozar esos dias de convivencia con La Raza (Mara18), me quedan im√°genes¬† para el recuerdo en mi retina, y,¬† un reportaje inconcluso que alg√ļn d√≠a quisiera continuar. Solo me queda claro, que los j√≥venes que viven detr√°s de esos tatuajes, nunca habr√≠an participado de las Maras, si solo hubieran tenido la oportunidad de crecer entre sus familias, con estudios y trabajo normal como en cualquier otro pa√≠s.


Acerca del autor:

Víctor Ruiz Caballero, nacido en Santiago de Chile en 1969, es un destacado fotógrafo cuya pasión por la imagen lo ha llevado a capturar momentos significativos en diversas partes del mundo. Desde su ingreso al Instituto Alpes en 1990 para estudiar fotoperiodismo, ha dedicado su vida a este arte.

En 1993, se uni√≥ al equipo del peri√≥dico La √Čpoca, donde desempe√Ī√≥ el papel de reportero gr√°fico durante cinco a√Īos. Durante este tiempo, cubri√≥ eventos y reportajes, consolidando su habilidad para capturar la esencia de cada situaci√≥n bajo presi√≥n con su lente.

Posteriormente, durante seis a√Īos, contribuy√≥ con su talento a la agencia de noticias Associated Press. Destac√≥ como fot√≥grafo staff en Bolivia entre 1998 y 1999, y en El Salvador, Centroam√©rica, desde 1999 hasta marzo de 2004. Entre sus coberturas m√°s destacadas se encuentra el terremoto de San Salvador el 13 de enero de 2001, as√≠ como la documentaci√≥n de eventos pol√≠ticos y sociales en M√©xico, Centroam√©rica y el Caribe, incluyendo cumbres presidenciales y procesos electorales. En el a√Īo 2006 es llamado a colaborar por la agencia de noticias Thomson Reuters, en donde particip√≥ de coberturas como la Muerte del dictador Augusto Pinochet Ugarte, la Explosi√≥n del volc√°n Chait√©n y el terremoto y maremoto en Cobquecura, al sur de Chile.

Su obra ha sido reconocida internacionalmente y ha sido publicada en revistas y libros fotogr√°ficos de renombre. Destaca su contribuci√≥n en la Revista Fotogr√°fica “GKF-Bulletin” en 1994 en √Āmsterdam, Holanda. En 2005 sus im√°genes son incluidas en un episodio de ‚ÄúGangland‚ÄĚ para el History Channel, as√≠ como en libros como “Chile: Juventud Rebelde”, publicado en 2019 junto al escritor Ariel Dorfman, y “Maras; Cruze de relatos. Documentales”, editado por From the south side en 2013.

Ruiz Caballero ha sido galardonado con numerosos premios nacionales e internacionales a lo largo de su carrera. Entre ellos se destacan: en 2012, Primer lugar en Reportaje de Prensa que documenta las protestas estudiantiles que demandan mejoras en la educaci√≥n, gratis y de calidad. Concurso anual de la Uni√≥n de Reporteros Gr√°ficos de Chile, as√≠ como el primer lugar en la misma categor√≠a en 2003. En 2011 su foto fue escogida dentro de las 45 m√°s poderosas por el sitio web BUZZFEED, donde registra para la agencia Reuters, a un carabinero de Fuerzas especiales dando de un pu√Īetazo en su rostro a un estudiante. Adem√°s, en 2004 y 2006, recibi√≥ una menci√≥n honor√≠fica en el Concurso Fundaci√≥n Nuevo Periodismo por sus reportajes fotogr√°ficos “Maras: Plan Mano Dura” y ‚ÄúEl lado √≠ntimo de las Maras‚ÄĚ en M√©xico, y en 2002, una menci√≥n en Picture of the Year (POY).

Su trabajo ha sido ampliamente reconocido y difundido a través de diversas plataformas en línea, donde sus fotos han sido premiadas y publicadas, dejando un aporte visual en el mundo de la fotografía documental y periodística.

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@victorruizcaballero

Todas las fotografías publicadas aquí tienen el Copyright del respectivo fotógrafo.

© 2019 Caption Magazine. ISSN 0716-0879