Pedro Armestre: “La fotografía es verdad si se toma con honestidad”
En su última exposición -en la Fujifilm House of Photography de Barcelona- este connotado profesional español habla de cómo los conflictos, la resistencia y dignidad impactan en su trabajo. En entrevista con CAPTION Magazine nos señala que la profesión va más allá del diálogo y la narrativa visual y que nuestro papel no sólo debe comprender la realidad, sino que también, su cuestionamiento.
Por Nacho Izquierdo
Desde España

La fotografía de Pedro Armestre nace del encuentro. De la fricción entre cuerpos, territorios y sistemas que dejan huella. A lo largo de su trayectoria ha construido una obra comprometida con las realidades sociales y medioambientales más complejas de nuestro tiempo, abordándolas desde una mirada que combina rigor documental, sensibilidad ética y una profunda conciencia del acto fotográfico.
-“Impactos / Contacto” es un título que sugiere fricción, encuentro y consecuencia. ¿En qué momento sentiste la necesidad de articular tu trabajo bajo estas premisas?
-Esta muestra es una dualidad, una fusión entre dos modos de ver que reflexiona sobre dogmas establecidos en la sociedad y que contracorriente niego. Para mi una imagen no vale más que mil palabras. La fotografía periodística proporciona información visual, aunque sin el apoyo documental escrito o narrado es difícil que nos ubique en la temporalidad del evento y en los detalles por los que se decidió registrar el instante y convertirlo en un impacto narrativo. Por ese motivo decidí crear un juego con el visitante, y tras unas indicaciones previas antes de entrar en la sala, podemos ver dos muestras bien distintas. Inicialmente y sin traspasar la línea roja marcada en toda la sala, nos enfrentamos a piezas de gran formato y cuidados acabados. Aquí la relación que mantenemos con las imágenes es lenta y reflexiva. Nos invita a soñar. Al mantener un encuentro con la fotografía cada persona sentirá de un modo distinto, en función del conocimiento del autor, de su sensibilidad personal, del color, composición e incluso del estado de ánimo en el que se encuentre. A mi juicio, es posible salir del sueño inicial y sorprendernos con las historias que hay detrás de cada impacto visual.
-En tu obra hay una relación muy directa con los territorios y las personas que retratas, pero también una clara conciencia ética. ¿Cómo gestionas ese equilibrio entre implicación personal y distancia narrativa?
-Sentir para transmitir. Así vivo la fotografía. Este modo de mirar requiere mucha implicación aunque luego has de tomar distancia para ser honesto al mostrarla. Y guardarte para ti parte de lo vivido. Llenas el alma de emociones de todo tipo, y estas son las que terminan configurando tu personalidad que va mucho más allá del arte fotográfico. Es la confirmación de que la fotografía es mucho más que una profesión o afición, es un modo de vida que si te atrapa difícilmente puedes escapar de él.

-Muchas de las imágenes de esta exposición hablan de comunidades atravesadas por conflictos estructurales. ¿Crees que la fotografía todavía puede generar impacto real o su papel hoy es más el de crear memoria y conciencia a largo plazo?
-Te confirmo que generan impacto y cambio. Desde hace años trabajo mano a mano con distintas organizaciones no gubernamentales y veo como el uso de mis fotografías son una muy buena herramienta para la incidencia que estas organizaciones desean crear no solo en la sociedad. También en las negociaciones que mantienen para cambiar leyes o evitar determinados desastres que sin presión se ejecutarían sin miramiento. Aprovecho tu pregunta para desarrollar una reflexión que me persigue hace tiempo y hoy está en plena actualidad. Me refiero a la Inteligencia Artificial y el miedo que parece sobrevolar la mente de muchos profesionales dedicados a la fotografía. Posiblemente, en determinadas especialidades pueda ser un peligro a primera vista. En la fotografía que yo practico me convierte y nos convierte a todos los fotoperiodistas y documentalistas, en reales testigos y notarios de los hechos que cubrimos. Eso siempre ha sido así aunque ahora con la llegada de ese fotógrafo mentiroso llamado IA el lector u observador debe acostumbrarse a distinguir firmas más que grandes imágenes. Buscar siempre el nombre del autor, algo que ya es obligatorio por la LPI (Ley de Propiedad Intelectual) aunque muchos medios no lo respeten. Podemos ser el verdadero sello de autenticidad que te permita confirmar que eso que muestras es cierto. De este modo ayudamos a los lectores u observadores a diferenciar y nos alejamos de un mundo ficticio que nos intentan imponer. Podemos convertirnos en brújula real para quien busca historias verdaderas. La fotografía es verdad si se toma con honestidad.

–Tu trayectoria ha evolucionado paralelamente a los cambios tecnológicos en la fotografía. En un contexto como el actual, ¿cómo influyen las herramientas —y en este caso el trabajo con Fujifilm— en tu manera de enfrentarte al color, la luz y la narrativa visual?
-Para mí las cámaras y objetivos son herramientas de trabajo sin ninguna implicación emocional. Las expongo a condiciones bastante exigentes y necesito olvidarme de ellas mientras registro mis instantes decisivos. Para ello deben ser objetos muy manejables, sencillos de usar y lo más ligeros posibles. Soy de la época analógica y no uso ni la mitad de las ventajas que estas cámaras tienen. Disparo a visor completo para no perder ni un pixel y si mido bien puedo usar mis imágenes directamente sin necesidad de editar absolutamente nada. Eso me convierte en rápido a la hora de enviar una imagen de actualidad inmediata, pasándola directamente al teléfono y de ahí a mi cliente. Comencé con la primera y mítica X100. La usé principalmente en mis días relajados y poco a poco fue incorporando otras máquinas y ópticas hasta el día de hoy en el que exclusivamente trabajo con la serie X. En la exposición hemos ampliado imágenes a formatos grandes y la calidad es sorprendente.
-Esta exposición se presenta en un espacio como la Fujifilm House of Photography, donde conviven innovación técnica y discurso autoral. ¿Qué valor crees que tiene que la industria apoye proyectos con una fuerte carga social y documental?
-Es un placer que Fujifilm se implique de este modo, y muy gratificante que no me impongan un tipo de “fotografía dulce” para evitar que alguien se sienta molesto por lo que muestras. Por lo que pretendes transmitir. Me han dado libertad absoluta para diseñar la exposición y disponer de este espacio. Para la impresión fotográfica se ha elegido el papel Fine Art de Fujifilm. El montaje e iluminación, por parte de Intervento, potencia magistralmente las distintas piezas. Es una muestra cuidada de lectura lenta en dos tiempos. Inicialmente con distancia para relacionarse con las grandes piezas y una posterior de proximidad donde descubrir los contextos y las selecciones de otras imágenes relacionadas.

-Mirando hacia atrás y también hacia adelante, ¿qué te sigue empujando a contar estas historias y qué le dirías a las nuevas generaciones de fotógrafos que buscan una voz propia en un mundo saturado de imágenes?
-Me defiendo mejor con la fotografía, que con la palabra o la escritura. Mi comunicación principal se ejerce con imágenes, y aunque continuo con mi labor divulgadora buscando transmitir información, generando incidencia y sensibilización de historias que suelen quedar ocultas. Por otro lado trabajo discretamente desde hace años en una línea fotográfica mucho más personal y de autor, donde me busco a mi mismo y destaco mis sueños y creatividad. Disfruto y doy rienda suelta a mi imaginación. No solo con las imágenes, también con los soportes y la manera de presentarlas. El trabajo documental fotoperiodístico por el que más se me conoce está delimitado en ese aspecto y esta otra fotografía es mi libertad absoluta. Llevo años vendiendo estas obras en series limitadas de un modo muy personalizado, y ahora, cuando termine el último proyecto en el que trabajo, llamado Efímero, quiero buscar una galería con la cual comenzar a trabajar. A las nuevas generaciones les diría que no tengan prisa, que es una profesión de largo recorrido, con distintas fases y es necesario cumplirlas todas hasta encontrar la autenticidad de sus imágenes. La fotografía es una disciplina que se debe disfrutar y en un periodo inicial de formación les propondría emular a los autores con los que más se sientan identificados. Poco a poco esa aparente búsqueda de las imágenes de otros les proporcionará su estilo propio. Su sensibilidad les permitirá crear fotografías reales con alma propia, la suya.