Guillem Calatrava: «Antes de sacar la cámara, intenta entender qué va a ocurrir»

Guillem Calatrava: «Antes de sacar la cámara, intenta entender qué va a ocurrir»

Anticiparse, adaptarse a la luz y trabajar sin interferir son parte del oficio de Guillem Calatrava. En esta entrevista, el fotógrafo y videógrafo explica cómo aborda los grandes eventos, qué busca en su equipo y qué distingue los lenguajes de la imagen fija y el vídeo.

Entrevista: Nacho Izquierdo, Editor de CAPTION Magazine

Con más de dos décadas de experiencia, Guillem Calatrava combina fotografía, vídeo y formación. Entre sus encargos se encuentra la documentación del despliegue técnico de 3Cat para la retransmisión Cinema Live desde la Sagrada Familia de Barcelona, durante la visita del papa León XIV en junio de 2026. Invitado por Fujifilm, siguió los rodajes, el montaje, los ensayos y la emisión de una producción que integró herramientas cinematográficas en la televisión en directo. Su tarea era mostrar tanto la infraestructura como el trabajo de las personas que la hacían posible.

¿Cómo nace tu vinculación con la fotografía y el vídeo?

Mi relación con la fotografía empezó muy pronto. Tenía apenas seis años cuando mi abuela me regaló una pequeña Kodak de carrete 110 que todavía conservo. Probablemente ella no imaginaba que aquel regalo acabaría marcando mi profesión.

Desde entonces siempre he tenido una cámara cerca. Durante el bachillerato artístico confirmé que quería dedicarme a esto y más tarde me formé como fotógrafo, aunque con el tiempo he aprendido que esta profesión exige seguir aprendiendo constantemente. La formación es importante, pero donde realmente aprendes este oficio es trabajando.

El vídeo llegó unos años después, de una forma muy natural. Empecé dedicándome principalmente a la fotografía, pero con el tiempo fueron apareciendo proyectos audiovisuales y descubrí que disfrutaba tanto detrás de una cámara de vídeo como haciendo fotografías. Hoy compagino ambas disciplinas, aunque no siempre van de la mano: hay trabajos exclusivamente fotográficos, otros centrados en vídeo y muchos en los que ambas se complementan. Al final, lo importante no es el formato, sino utilizar la herramienta que mejor se adapte a cada proyecto y a la forma en que quieres comunicarlo.

© Guillem Calatrava

Has trabajado en ámbitos muy diferentes, desde MotoGP hasta grandes eventos corporativos. ¿Qué tienen en común todos esos proyectos?

Aunque desde fuera puedan parecer proyectos muy distintos, en realidad todos tienen mucho más en común de lo que parece.

Ya sea una carrera de MotoGP, un evento corporativo o una producción como la de la Sagrada Familia, siempre hay algo que solo ocurre una vez. No existen segundas oportunidades. Si un momento se escapa, ya no vuelve.

Intento llegar a cada trabajo con la máxima preparación posible: conocer el escenario, entender cómo se va a desarrollar el evento y anticipar qué puede ocurrir. Pero también he aprendido que, por mucho que planifiques, siempre acaba sucediendo algo que no estaba previsto. Y muchas veces son precisamente esos momentos inesperados los que terminan dando las mejores fotografías.

Creo que una parte importante de este oficio consiste en saber adaptarse. Estar atento, reaccionar con rapidez y aprovechar lo que va ocurriendo, porque la realidad casi nunca sigue el guion que uno había imaginado.

Al final, más allá del tipo de cliente o del escenario, mi trabajo siempre es el mismo: contar una historia de la forma más fiel posible y conseguir que quien vea esas imágenes pueda entender cómo se vivió aquel momento.

Recientemente realizaste la cobertura fotográfica de la primera retransmisión Cinema Live celebrada en Europa desde la Basílica de la Sagrada Familia. ¿Cómo surgió la oportunidad de formar parte de este proyecto?

La propuesta llegó de la mano de Fujifilm, con quienes llevo años colaborando en diferentes proyectos. Me propusieron documentar fotográficamente el despliegue técnico que 3Cat estaba preparando para la visita del papa León XIV a la Sagrada Familia.

Desde el primer momento sabía que no se trataba de una cobertura convencional, aunque reconozco que no era plenamente consciente de la dimensión que acabaría teniendo el proyecto. Inicialmente tenía previstas las primeras jornadas de rodaje, pero no imaginaba que terminaría documentando prácticamente todo el proceso hasta llegar al día de la retransmisión.

Fue precisamente esa continuidad lo que hizo que la experiencia fuera tan especial. No llegué únicamente para fotografiar el resultado final, sino que tuve la oportunidad de seguir cómo aquella producción iba creciendo día a día: los primeros rodajes, la llegada de la unidad móvil, el montaje del dispositivo técnico, los ensayos y, finalmente, la retransmisión.

Poder documentar toda esa evolución fue, probablemente, uno de los mayores privilegios del proyecto.

© Guillem Calatrava

¿Cuál era tu objetivo como fotógrafo durante una producción de estas características?

Mi objetivo era documentar todo el despliegue técnico de la producción de la forma más completa posible. Eso significaba fotografiar tanto el trabajo de los equipos humanos como toda la infraestructura que hacía posible una retransmisión de estas características.

Al mismo tiempo, también era consciente de que aquellas imágenes servirían para mostrar el papel que desempeñaban las ópticas FUJINON dentro de un proyecto tan especial. Intenté que su presencia apareciera siempre de forma natural, integrada en la propia producción y formando parte de la historia, sin que las fotografías parecieran imágenes de producto.

Creo que ese era el verdadero reto: conseguir fotografías visualmente potentes que mostraran la dimensión del despliegue y, al mismo tiempo, transmitieran el enorme trabajo de coordinación que había detrás. Al final, la tecnología era una parte fundamental del proyecto, pero quienes realmente la hacían posible eran las personas que estaban detrás de cada cámara.

Documentar un evento de esta magnitud implica trabajar sin interferir en el desarrollo de la producción. ¿Qué fue lo más complejo de esta cobertura?

Creo que lo más complejo fue encontrar el equilibrio entre estar en el lugar adecuado y, al mismo tiempo, pasar completamente desapercibido.

En una producción de estas características todo está perfectamente coordinado y cualquier persona que se coloque donde no debe puede interferir en el trabajo de decenas de profesionales. Había que estar constantemente atento para no cruzarse delante de una cámara, anticipar el recorrido de una grúa o prever por dónde iba a pasar un operador de Steadicam.

Nadie iba diciéndome dónde podía colocarme en cada momento. Era yo quien tenía que interpretar continuamente lo que estaba ocurriendo y adaptarme a cada situación. En este tipo de coberturas no puedes esperar a que alguien te indique cada movimiento. Muchas decisiones hay que tomarlas en cuestión de segundos y, si dudas demasiado, el momento ya ha pasado.

Creo que una parte importante de este oficio consiste precisamente en eso: observar mucho, anticiparse y moverse con naturalidad sin alterar lo que está sucediendo.

Además, todo eso ocurría mientras trabajaba en condiciones de luz muy complicadas, tanto en el interior de la basílica como durante las largas jornadas nocturnas en el exterior. Sin posibilidad de utilizar flash y fotografiando escenas en constante movimiento, había que confiar plenamente en el equipo y tomar decisiones muy rápidas sin perder nunca de vista lo realmente importante: seguir contando la historia.

© Guillem Calatrava

Trabajaste con equipos Fujifilm durante toda la jornada. ¿Qué cámaras y objetivos utilizaste y qué ventajas te ofrecieron para afrontar este trabajo?

Para esta cobertura trabajé con una Fujifilm X-T4 y una Fujifilm X-S10, acompañadas por los objetivos XF 10-24 mm, XF 16-55 mm f/2.8 y XF 50-140 mm f/2.8. Durante toda la cobertura llevé las dos cámaras colgadas, cada una con un objetivo diferente, para poder reaccionar al instante sin perder tiempo cambiando ópticas.

En un trabajo de estas características no puedes permitirte perder una fotografía por estar cambiando un objetivo. Todo sucede muy deprisa y, muchas veces, en cuestión de segundos tienes que pasar de un plano general del despliegue a un detalle o a una escena mucho más cercana.

También me encontré con situaciones de luz muy complicadas. Había interiores con muy poca iluminación, jornadas que se alargaban hasta bien entrada la noche y escenas en constante movimiento en las que necesitaba mantener velocidades de obturación relativamente altas. Eso me obligó a trabajar en muchas ocasiones a ISO 12.800, el valor ISO más alto disponible sin recurrir al modo ampliado.

Y, sinceramente, una de las cosas que más me sigue sorprendiendo del sistema Fujifilm es lo bien que responden los archivos incluso en esas condiciones. Trabajando a ISO 12.800 obtenía un grano muy contenido y, sobre todo, muy agradable. Incluso cuando alguna imagen requería recuperar bastante exposición durante el revelado, el archivo seguía ofreciendo un margen de trabajo sorprendente y el ruido era muy fácil de controlar con las herramientas actuales, manteniendo un resultado final perfectamente válido para un trabajo profesional.

Cuando estás cubriendo una producción que no se puede repetir, lo último de lo que quieres preocuparte es del equipo. Prefiero centrar toda mi atención en lo que está ocurriendo delante de mí y tener la tranquilidad de saber que la cámara va a responder cuando la necesite.

© Guillem Calatrava

La Sagrada Familia ofrece una luz muy particular y cambiante. ¿Cómo condicionó eso tu forma de fotografiar?

La luz fue, probablemente, uno de los mayores retos de toda la cobertura. No tanto por la falta de iluminación en algunos momentos, sino porque las condiciones cambiaban constantemente.

A lo largo de una misma jornada pasábamos de interiores con muy poca luz a exteriores a pleno sol y, unas horas más tarde, a una iluminación completamente diseñada para el espectáculo. Durante la retransmisión los cambios eran continuos: la luz variaba de intensidad, de temperatura de color y de dirección, iluminando en cada momento zonas diferentes de la basílica, las torres o el propio público.

Además, toda esa iluminación estaba perfectamente sincronizada con la música y con la realización. Cada escena era distinta a la anterior y, en cuestión de segundos, podías pasar de una iluminación cálida a otra completamente azul o encontrarte con cambios de intensidad muy marcados. Eso obligaba a reaccionar constantemente.

Todo ocurría, además, sin posibilidad de intervenir. No podía utilizar flash ni modificar la iluminación, así que la única opción era adaptarme continuamente a lo que estaba sucediendo.

En muchas ocasiones prefería trabajar a sensibilidades ISO muy altas antes que sacrificar velocidad de obturación, porque la mayoría de las imágenes mostraban personas trabajando y en movimiento. Creo que esa capacidad de adaptación fue una parte muy importante de toda la cobertura. Nunca intenté luchar contra la luz que había; al contrario, intenté aprovecharla para que cada fotografía transmitiera exactamente la atmósfera que se estaba viviendo en aquel momento.

Más allá del despliegue técnico, ¿qué historia querías contar con tus imágenes?

Más allá del despliegue técnico, quería explicar una historia que el espectador normalmente no llega a ver.

Cuando vemos una retransmisión como esta solemos fijarnos en el resultado final, pero detrás hay días de planificación, ensayos, coordinación y muchísimas personas trabajando para que todo ocurra con la naturalidad con la que después lo vemos en televisión.

Evidentemente, una parte importante de mi trabajo consistía en documentar la presencia de las ópticas FUJINON dentro de toda la producción, pero siempre intenté hacerlo de una forma natural, integrándolas dentro de la historia y del contexto en el que realmente estaban trabajando. No quería hacer fotografías de producto; quería mostrar cómo esa tecnología formaba parte de un proyecto mucho más grande.

Al final, creo que las mejores fotografías de un making of son aquellas que ayudan a entender todo el trabajo que normalmente permanece invisible. Si alguien ve esas imágenes y, después de hacerlo, valora un poco más todo lo que hay detrás de una retransmisión de este nivel, creo que habré conseguido mi objetivo.

© Guillem Calatrava

Además de este proyecto, llevas años trabajando con cámaras Fujifilm. ¿Qué es lo que más valoras del sistema en tu trabajo diario?

La confianza en el equipo lo es todo. En una producción como esta no puedes permitirte estar pensando si la cámara va a responder o no. Toda tu atención tiene que estar centrada en lo que ocurre delante de ti.

En mi caso, además, esa confianza viene de muchos años de trabajo. Llevo casi diez años fotografiando con Fujifilm. Antes trabajaba con un sistema full frame de Canon y, como le ocurriría a cualquiera, al principio tenía ciertas dudas sobre el cambio a un sistema APS-C.

Sin embargo, esas dudas duraron muy poco. Después de un par de trabajos entendí que el tamaño del sensor era solo una parte de la ecuación y que lo realmente importante era el conjunto: cómo responde el equipo, cómo te adaptas a él y, sobre todo, la confianza que te transmite cuando estás trabajando.

Hoy ya no pienso en si estoy utilizando un sistema APS-C o full frame. Simplemente utilizo la herramienta con la que me siento más cómodo y que mejor se adapta a mi forma de trabajar. Cuando estás cubriendo un proyecto que no admite segundas oportunidades, lo último de lo que quieres preocuparte es del equipo. Necesitas olvidarte de él y concentrarte únicamente en anticipar lo que está ocurriendo.

Creo que ese es el mayor cumplido que se le puede hacer a una cámara: que llegue un momento en el que dejes de pensar en ella.

En los últimos años cada vez es más habitual que fotógrafos trabajen también como videógrafos. ¿Crees que ambas disciplinas ya son inseparables?

Creo que siguen siendo disciplinas diferentes y que cada una tiene su propio lenguaje. Una buena fotografía no consiste simplemente en parar un vídeo, igual que un buen vídeo no consiste en encadenar fotografías. La forma de contar una historia es distinta en cada caso.

En mi caso, el vídeo llegó de una forma bastante inesperada. Hasta entonces mi trabajo había estado centrado principalmente en la fotografía, pero justo después de la pandemia surgió la oportunidad de realizar el seguimiento en vídeo de varias carreras de montaña. Como muchos profesionales en aquella época, tampoco podía permitirme dejar pasar oportunidades, así que acepté el reto.

Lo que empezó como una oportunidad puntual acabó convirtiéndose en una parte muy importante de mi trabajo. Descubrí que disfrutaba tanto grabando como fotografiando y, proyecto tras proyecto, fui aprendiendo, mejorando e incorporando cada vez más producciones audiovisuales a mi día a día.

Aun así, no creo que ambas disciplinas sean inseparables. Hay proyectos exclusivamente fotográficos, otros centrados únicamente en vídeo y otros en los que ambos lenguajes se complementan perfectamente. Lo importante no es hacer fotografía y vídeo porque sí, sino utilizar la herramienta que mejor ayude a contar la historia de cada proyecto.

La fotografía tiene la capacidad de resumir toda una historia en un solo instante. El vídeo, en cambio, te permite construir esa historia con el paso del tiempo, apoyándote también en el sonido, el movimiento o el ritmo. No creo que una disciplina sea mejor que la otra; simplemente son dos formas diferentes de mirar y de contar una misma realidad.

© Guillem Calatrava

También desarrollas una importante labor formativa. ¿Qué intentas transmitir a quienes empiezan en este oficio?

La formación siempre ha sido una parte importante de mi trayectoria y es una faceta que sigo disfrutando muchísimo. Es verdad que, en los últimos años, la carga de trabajo y la conciliación familiar han hecho que tenga que reducir bastante esta parte, pero siempre intento reservar tiempo para compartir conocimientos cuando tengo la oportunidad.

Más que enseñar fotografía, intento compartir la experiencia que he ido acumulando durante todos estos años. La técnica se puede aprender en muchos sitios, pero hay aspectos como la forma de afrontar un encargo, la relación con un cliente, la capacidad de anticiparse o la importancia del trabajo en equipo que solo se entienden cuando has vivido muchas situaciones reales.

Nunca he pretendido que la gente haga las mismas fotografías que yo. Creo que cada fotógrafo debe encontrar su propia forma de mirar y de contar historias. Si puedo aportar ideas o experiencias que ayuden a alguien a encontrar ese camino, ya me doy por satisfecho.

Además, compartir conocimientos siempre acaba siendo un aprendizaje en ambas direcciones. Cada charla, cada curso o cada photowalk termina convirtiéndose también en una oportunidad para escuchar otras formas de trabajar y seguir aprendiendo. Creo que esa curiosidad es una de las cosas más importantes para seguir creciendo como fotógrafo.

¿Qué consejo darías a un fotógrafo que quiera especializarse en la cobertura de grandes eventos y producciones audiovisuales?

Creo que el mejor consejo que puedo dar es que no empiece haciendo fotografías. Antes de sacar la cámara, intenta entender qué va a ocurrir.

Siempre que tengo la oportunidad me gusta escuchar las reuniones de producción, hablar con alguien del equipo o preguntar cómo se desarrollará el evento. Cuanto mejor entiendes el plan, más fácil resulta anticiparte y estar en el lugar adecuado cuando sucede algo importante.

También aconsejaría llegar con tiempo. Recorrer el espacio, localizar posibles posiciones, entender por dónde se moverán los equipos y detectar las dificultades antes de que empiece todo. Esa preparación marca muchas veces la diferencia.

Pero, al mismo tiempo, hay que asumir que ningún evento sale exactamente como estaba previsto. Siempre aparece algún imprevisto y es precisamente ahí donde entra en juego la capacidad de adaptación. Muchas veces, las mejores fotografías nacen de situaciones que nadie había planificado.

Y, por último, algo que considero fundamental: respetar el trabajo de todos los profesionales que tienes alrededor. En una gran producción cada persona tiene una responsabilidad muy concreta y tú eres una pieza más dentro de ese engranaje. Si entiendes cómo funciona el conjunto y aprendes a trabajar sin interferir en el trabajo de los demás, no solo harás mejores fotografías, sino que además querrán volver a contar contigo.

© Guillem Calatrava

Para terminar, ¿en qué proyectos estás trabajando actualmente y qué podemos esperar de Guillem Calatrava en los próximos meses?

La verdad es que nunca sé exactamente cuál será el siguiente proyecto, y creo que esa incertidumbre también forma parte de la belleza de esta profesión.

Sigo combinando fotografía y vídeo en ámbitos muy diferentes. Un día puedo estar cubriendo un Gran Premio de MotoGP, otro documentando un proyecto como el de la Sagrada Familia y otro realizando un trabajo corporativo para una empresa. Esa variedad hace que nunca dejes de aprender.

Hay una cosa que, por suerte, no ha cambiado con los años. Antes de empezar cualquier encargo sigo sintiendo esos nervios del primer día. No son nervios de inseguridad, sino esa mezcla de responsabilidad, ilusión y ganas de hacerlo lo mejor posible. Y, sinceramente, espero no perder nunca esa sensación.

Intento afrontar cada trabajo exactamente con la misma actitud, independientemente de su dimensión. Detrás de cada encargo hay un cliente que ha confiado en mí y merece que le dedique toda mi experiencia, mi esfuerzo y mi implicación. Creo que esa forma de entender esta profesión es la que me ha acompañado desde el primer día y espero que siga siendo así durante muchos años.

Lo que sí tengo claro es que quiero seguir afrontando cada encargo, por sencillo o complejo que parezca, con la misma ilusión, el mismo respeto y las mismas ganas de hacerlo bien que el primero. Mientras siga sintiendo eso, sabré que sigo disfrutando de esta profesión como el primer día.


Más información

Sitio web de Guillem Calatrava:
https://guillemcalatrava.com/

Todas las fotografías publicadas aquí tienen el Copyright del respectivo fotógrafo.

© 2019 Caption Magazine. ISSN 0716-0879