Fernando Aceña
Por Joel Elgueta
El fotógrafo español lleva más de 10 años en viaje continuo por Chile en su “carrito”, un camión que transformó en el Museo Interactivo de la Luz para enseñar la cámara oscura y fotografiar los volcanes del sur.
Fernando llegó a Valparaíso a fines de 1999 y, junto a la fotógrafa chilena Carolina Vásquez, fundó la Escuela de Fotografía Cámara Lúcida en los alrededores de plaza Echaurren, corazón histórico de la ciudad Patrimonio de la Humanidad. Diez años después, comienza la idea del viaje: compró un camión Kia Frontier y lo convirtió en una cámara oscura para recorrer Chile.
“Al principio partió como una cosa más técnica de tener un laboratorio y una cámara oscura, y luego terminó como una casa. Han sido 10 años de un viaje continuo, de habitar este espacio, la cámara y, sobre todo, de conocer con mucha profundidad la geografía y el territorio en Chile”. Fernando Aceña hoy está en Lago Ranco, en la región de Los Ríos, uno de los tantos rincones donde ha llegado con el Museo Interactivo de la Luz, el “carrito”, como le dice cariñosamente.
La magia de la luz
Desde el pueblo de Visviri, en la frontera tripartita entre Chile, Perú y Bolivia, hasta Coyhaique, en la Patagonia chilena. Estaciona el camión en plazas, visita escuelas, liceos y universidades para mostrar la experiencia de la cámara oscura.
“La cámara oscura es el elemento vital”, menciona el fotógrafo y viajero. “En este espacio tan pequeño han entrado miles de personas a compartir la experiencia y asombrarse con este fenómeno. Claro, no tiene que ver con fotografía explícitamente, así como en términos de resultado, pero a nivel de lo que es educación, ciencia, tecnología, historia -y cosas que son incluso más vinculadas al mundo de las emociones y de la sorpresa- es muy potente. Es increíble”.
Y es cierto, en 2021 tuve la oportunidad de conocer el Museo Interactivo de la Luz en Contuy, Isla Grande de Chiloé. El momento fue mágico.
“Y lo que haces es invitar a las personas a ingresar al vehículo. Es muy bonito entrar a un lugar que tiene esta cosa medio, como algunos dicen, Julio Verne. Siempre intento iniciar la cámara oscura con la imagen del sol como el elemento matriz. O sea, el descubrir su imagen, el círculo. Es interesante, porque la imagen del sol es la más antigua de todas”, explica Aceña.
Más allá de contar lo histórico y técnico, Fernando sumerge a los visitantes en una narración emocionante, se convierte en un cuentacuentos durante los 15 minutos de la sesión. “Al mismo tiempo que vas hablando, mueves palancas, instalas lentes y accesorios”.
“La experiencia siempre se da muy positiva. La luz y todo lo que tenga que ver con la imagen, con la proyección, te capturan. Además, no ocupas elementos técnicos de como data, computador, pantallas. Lo que tú estás mostrando al interior de una cámara oscura nace de la luz natural, nace del sol. Esa energía es natural. Y eso es lo que realmente sorprende a la gente”.
Las imágenes que se proyectan dentro del espacio son impresionantes tanto en calidad como luminosidad. La luz entra primero por las perforaciones que tiene el camión arriba y en los costados, luego usa lentes. “Estás simplemente tomando la luz del exterior y llevándola al interior. Y en ese sentido, pienso que la gracia de la cámara oscura es la naturalidad, la simplicidad, la austeridad, la limitación de recursos”.
Volcanes del Sur de Chile
Al trabajo de educación fotográfica itinerante, que continúa hasta hoy, se sumó un proyecto que mantiene a Fernando Aceña serpenteando la Cordillera de Los Andes. Fotografía los macizos del sur de Chile, aunque la idea nació en Arequipa, Perú, cuando en 2016 se topó con la erupción del volcán Sabancaya.
Después continuó en San Pedro de Atacama y de ahí al sur de Chile. La región de Los Lagos con los volcanes Puyehue y Mirador; y Los Ríos con los macizos Osorno, Calbuco, Choshuenco, Puntiagudo y Corcovado. Sólo por nombrar algunos de los rincones que ha fotografiado.
“No es tan sencillo llegar a ciertos ángulos y puntos. Eso ya es un trabajo, el estar ahí, viendo el volcán, durmiendo, porque a veces cuando vas a hacer fotos de volcanes son varios días en el mismo lugar: amanacer y atardecer, amanecer y atardecer”, relata Fernando, quien reconoce que existe una obra de grandes personas con fotografías de colosos impresionantes. “Pero siempre suele ser en color, digital. En cambio, este proceso tiene otro tiempo, para mí tiene una cosa más vinculada al mundo de una fotografía donde la búsqueda no es el detalle en términos de conseguirlo todo: el bosque, el cielo, las estrellas. Es como una cosa mucho más cartográfica: los volcanes de Chile recortados contra el fondo, recortados contra el cielo”.
Lleva más de 10 años en este proyecto. “Las fotos de los volcanes no dejan de sorprenderme, me gustan, me producen cosas”. Muchas veces se encuentra con lugares de difícil acceso, pero ahí está buscando rutas para alcanzar el mejor ángulo. A veces se sitúa a unos 20 kilómetros del volcán. Sin embargo, en las perforaciones de la cámara oscura instala un lente de gran formato de 600 milímetros que le permite sortear la lejanía y lograr una imagen muy nítida.
“Colocas una base blanca que te permite calcular tu encuadre y el formato de tu película. Piensa que en este momento estaríamos con luz roja, modo laboratorio. Cuando ya tienes todo perfecto y aparece la luz que tú quieres, cierras la tapa, pones la película Lit. En ese momento es importante que el carro no se mueva, que no haya viento, porque si el camión se está moviendo, la imagen va a quedar movida”.
Pero a veces cuenta que hay ráfagas. “No puedes abrir la tapa. Tienes que esperar. El viento tú lo estás sintiendo, lo estás escuchando. Se mueve el carro, ya no, no, todavía no, y de repente hace un bajón. ¡Pam! Ahí se calmó 20 segundos y en ese momento abres la tapa, expones —en ese tiempo ocurre lo mágico— dejas entrar la luz: 1, 2, 3, 4, 5, 6 y cierras”.
Muchas veces revela la película Lit en el mismo “carrito”, pero en honor al tiempo en otras ocasiones la enrolla y guarda. “Las fotos de los volcanes son muy restrictivas en términos de exposición, porque sólo las puedo hacer antes del amanecer, o sea, antes de que salga el sol: 6:00 de la mañana o 7:30 como máximo”.
Fernando explica que la película Lit es de una sensibilidad bajísima (6 ASA) y es muy contrastada, blanco y negro. “Tienes que ocuparla en situaciones de bajo contraste, muy suaves”.
El proceso de copia lo realiza cuando viaja a España, ahí instaló su taller para ese trabajo químico que requiere de mucha paciencia y detalle. Utiliza la emulsión artesanal marrón van Dyke que él mismo prepara. “Por algún motivo lo he mantenido, no es nada como religioso, es simplemente que ese proceso me ha equilibrado muy bien por un tema de tonos, de contraste y de facilidad también de conseguir los químicos”.
Fernando sigue viajando por Chile, fotografiando cada macizo que encuentra a su paso. El próximo capítulo de los Volcanes del Sur de Chile es convertirse en un libro que atesore estas imágenes de los gigantes de fuego de la Cordillera de Los Andes.
Acerca del autor:
Fernando Aceña. Fotógrafo y docente español radicado en Chile, cuya práctica investiga los procesos químicos históricos y la materialidad de la imagen analógica. Formado en la Escuela de Artes Josep Serra i Abella de Barcelona, ha dedicado su carrera a la producción artesanal y a la educación fotográfica. En Valparaíso cofundó Cámara Lúcida, un centro pionero en la enseñanza de la fotografía. Desde 2015 dirige el Museo Interactivo de la Luz, un laboratorio y cámara oscura móvil construida dentro de un camión acondicionado. Con este proyecto itinerante ha recorrido una gran parte de Chile impartiendo talleres vinculados a la cámara oscura y procesos analógicos. Su obra reciente, Volcanes del Sur de Chile, utiliza este camión como una cámara oscura para registrar los paisajes cordilleranos del sur.
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Instagram: museointeractivodelaluz

