Tadeu Vilani: Toques de Luz
Toques de Luz es un proyecto a largo plazo, que documenta la realidad de la pampa gaucha de Uruguay y Argentina.
Nací en Santo Ângelo, en el interior de Río Grande do Sul. Durante 25 años trabajé como fotoperiodista en el periódico Zero Hora, en Porto Alegre. La ciudad me enseñó a lidiar con el ritmo frenético de las noticias, con la urgencia del momento. Pero fue la pampa la que me enseñó a escuchar el silencio, a respetar los espacios y a observar lo que no se revela de inmediato.
Mis influencias provienen del cine neorrealista italiano, de directores que buscaban una belleza profunda y auténtica en la vida cotidiana, como De Sica y Visconti. Esta mirada me guió en la fotografía: la búsqueda de lo real, del gesto sincero, de la luz que surge sin previo aviso.
Fotografiar la pampa no es sólo registrar paisajes. Es un compromiso con la memoria. Con el gaucho, es caminar por las llanuras donde el tiempo tiene un ritmo diferente. Es cruzarse con hombres y mujeres que viven del trabajo de la tierra, del ganado. Es acompañar a arrieros, domadores de caballos, constructores de cercas y sus duras y silenciosas rutinas. Se trata de mirar a los ojos de quienes habitan esta inmensidad y comprender que allí residen la historia, la dignidad y la resistencia.
Cada imagen que compone este libro nació de una escucha atenta y un profundo respeto. No llegué con prisa. Dejé que el campo me recibiera, que el viento marcara mi ritmo, que la luz me mostrara el camino. Más que un registro visual, esta obra es un gesto de gratitud: a la pampa y a la gente que la habita.
Espero que, al hojear estas páginas, no sólo vean lo que yo vi, sino que también sientan lo que yo sentí. Porque la pampa no se puede explicar: es un personaje que me acompaña en este viaje de la vida.
Agradezco a todos los que, de alguna manera, me acompañaron en este viaje: mi familia, amigos, compañeros de ruta, voces que me guiaron, en cada gesto de apoyo, cada palabra, cada mirada atenta que contribuyó a construir esta obra. Un libro no se construye solo.
Pero es a mi padre, Abrilino Vilani, a quien dedico un agradecimiento especial. Su presencia me marcó, me impulsó a seguir adelante. Desde su fallecimiento en 2024, conservo no sólo la añoranza, sino también la fuerza de su ejemplo: firme, silencioso y esencial como la propia pampa. Este libro también es suyo. La grieta es, por tanto, el reconocimiento de un elemento fracturado y de lo que se quiebra en él atendiendo a sus luchas. Pero también una ruptura que deja pasar la luz, que permite la experiencia a través de la cual vamos construyendo nuestra narración personal compuesta de memoria, emociones, sentimientos, sensaciones.
Abrimos un cuerpo para nacer del mismo modo que la semilla agrieta la tierra para echar raíz. Se seca la tierra hasta dividirse, se agrietan las paredes de la casa antes del derrumbe, se raja la ropa por el deseo de llegar al otro, se parte la piel porque nunca cabemos en nuestro cuerpo, se nos rompe el corazón. Lejos del afán de zurcir lo roto y ocultarlo, tenía que darle espacio a ese proceso que brotaba de mi interior y que no sería creativo si no quebrara algo dentro en mí.
Constaté, además, que la grieta posibilita una nueva vida, la de otro, el que se separa, y la nuestra propia, la del separado. Constaté que la grieta nos transforma, muchas veces, en algo incluso más bello que lo fuimos antes de su existencia. Las grietas son, por tanto, una constatación de nuestra historia, y como tal, deberían ser un motivo para ser mostradas, un motivo que nos debería conducir a encomiarlas y una forma de enseñar, al mundo, esas fracturas que la vida nos ha provocado y que nos definen.
Una grieta evidencia que la evolución interior y exterior, paradójicamente, surge de las heridas y de las imperfecciones. Nos posibilita la aceptación del daño, nos permite demostrar que aceptarlo nos ayuda a ser más fuertes, que su nacimiento no significa, necesariamente, nuestro final sino todo lo contrario y que, gracias a ella, podemos iniciar un proceso de evolución, proceso que además nos instruye en la idea de que esconder nuestra fragilidad debería carecer de todo sentido. Una grieta nos enseña que, aceptar lo que se rompe en nuestro interior nos permite adquirir serenidad y templanza. Una grieta nos permite repensar nuestra realidad más cercana, nos ofrece la posibilidad de recomponernos. Una grieta demuestra al mundo que estamos vivos.
En palabras de H. Hesse, uno de mis autores favoritos: “fue una primera desgarradura en la santidad del padre, una primera grieta en los pilares sobre los que había reposado mi infancia y que todo hombre tiene que destruir antes de poder llegar a ser él mismo. De estos sucesos que nadie ve se compone la línea esencial, interna de nuestro destino. La desgarradura, la grieta, se cierra luego, cicatriza y cae en el olvido, pero en nuestra íntima cámara secreta perdura y continúa sangrando”.
Con este proyecto no sólo quiero reconocer el universo que encierran las grietas sino ver desde ellas; desde los ‘ángulos muertos’ que nos empecinamos en ocultar. Sus espacios positivos, pero también los negativos, sus orígenes y sus consecuencias. La belleza que encierra. Las posibilidades que nos ofrece.
Acerca del autor:
Tadeu Vilani. Santo Ângelo, Brasil, 1965. Es fotógrafo documental. Trabajó durante 25 años en el diario Zero Hora, de Porto Alegre. Desarrolla proyectos documentales centrados en la identidad, la formación étnica y las transformaciones sociales de América del Sur. Su obra ha integrado la Colección Pirelli/MASP de Fotografía y ha recibido importantes reconocimientos, entre ellos el Premio Conrado Wessel de Fotografía (2010), el Premio Leica/Fotografe Melhor Brasil (2010, 2011 y 2012) y, en tres ocasiones (2016, 2017 y 2018), el primer premio del concurso latinoamericano “Los Trabajos y los Días”, en Medellín, Colombia.
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