Alberto García-Alix: Fotografiar contra el olvido

Alberto García-Alix: Fotografiar contra el olvido

Entrevista por Nacho Izquierdo para CAPTION Magazine
Mayo 2026

La fotografía de Alberto García-Alix nunca ha necesitado artificios. Su obra se sostiene sobre una mirada radicalmente honesta, construida desde la experiencia, la memoria y la necesidad de entender el mundo a través de las imágenes. En el marco de FUJIKINA Madrid 2026, conversamos con uno de los fotógrafos más influyentes de la fotografía española contemporánea sobre tiempo, ausencia, cuerpos, verdad y el lugar que ocupa hoy la fotografía en una sociedad saturada de imágenes.

Tu fotografía siempre ha tenido una dimensión profundamente autobiográfica. ¿Sigues utilizando la cámara como una herramienta para entenderte a ti mismo?

La cámara siempre es una herramienta que me lleva a mirarme a mí mismo. Por lo tanto, a conocerme. A lo largo de más de cuarenta años de hacer fotos, he empleado siempre el autorretrato como un ejercicio. Al principio, era joven y lo utilizaba para aprender y por coquetería juvenil también. Con los años, el ejercicio perdió esos primeros rasgos y se convirtió en algo más íntimo.

2016 Autorretrato de San Se Acabó

En esta nueva etapa de tu trabajo aparece con fuerza la idea de la ausencia y la memoria. ¿Qué lugar ocupa hoy la pérdida dentro de tu proceso creativo?

La conferencia visual que voy a presentar en FUJIKINA Madrid 2026 lleva por título “La ausencia como estímulo”. En ella, diserto sobre cómo la ausencia influye y se ve reflejada en mi obra, siendo hilo conductor y catalizador en mis fotografías. Acompañando al texto, hay unas setenta imágenes, muchas de ellas inéditas, en las que muestro cómo la ausencia está presente en todo lo que nos rodea. La fotografía vive poblada de ausencias.

Tu obra ha retratado generaciones enteras desde dentro, sin distancia ni juicio. ¿Cómo miras hoy aquella España que fotografiaste durante los años ochenta y noventa?

Lo que me llega a través de mis fotografías es el positivismo y la libertad con la que vivimos aquellos tiempos. No soy nostálgico y aún así sé que tuve la suerte de ser joven y vivir con intensidad esa época.

Máscara Bizarro

Tus retratos tienen algo extremadamente físico y emocional al mismo tiempo. ¿Qué necesitas encontrar en una persona antes de decidir fotografiarla?

¡A saber! Cada persona es un mundo. Lo que tengo claro es que necesito una cierta empatía con el modelo, pues con él viene un desafío. Un encuentro intencional. Retratar es un ejercicio obsesivo, un ejercicio de hipnosis. Como digo en la conferencia, necesito abstraerme en los ojos del modelo y dialogar con ellos.

Vivimos en un momento de sobreproducción visual donde las imágenes parecen durar apenas segundos. ¿Cómo convive tu fotografía con esa velocidad contemporánea?

Me importa poco la sobreproducción visual. Lo único que me importa es la fotografía tal como la desarrollo y la entiendo. Mi trabajo se ha convertido en artesano. Trabajo en película analógica, primero debo revelarla. Luego, hacer hojas de contactos y, aquellas fotos que elijo, si las quiero para exponer, paso a positivarlas a la ampliadora.

El blanco y negro sigue siendo parte esencial de tu lenguaje visual. ¿Qué encuentras ahí que todavía no te ofrece el color?

Creo que ya es por costumbre que trabajo en blanco y negro. Lo que más me gusta es el control que tengo sobre él. Yo lo revelo y lo positivo. Sin embargo, no sé revelar en color.

En muchas de tus imágenes el cuerpo aparece como territorio de memoria, deseo o desgaste. ¿Qué te sigue interesando del cuerpo fotografiado?

Me gusta retratar el cuerpo, pero no por su belleza. Es la decadencia y el dolor lo que me llama y me arrastra a mirarlo. Heridas, cicatrices, mutilaciones… En este sentido, soy oscuro, quizá grotesco.

Máscara Merche

Has atravesado múltiples etapas personales y creativas sin abandonar nunca una mirada muy reconocible. ¿Cómo se mantiene viva una voz propia después de tantos años fotografiando?

Una forma de ser es una forma de ver… Siendo sincero, creo que continúo fotografiando por tres razones: una, la magia de la vida es el encuentro, la magia de la fotografía también es el encuentro; dos, mi extrema curiosidad; y, por último y muy importante, me ayuda mi alma infantil. Soy juguetón.

Tu trabajo se ha convertido en referencia para varias generaciones de fotógrafos. ¿Cómo observas la fotografía contemporánea y las nuevas maneras de narrar desde la imagen?

España ha dado durante los últimos cincuenta años una gran generación de fotógrafos. Eso ha conllevado a que la fotografía contemporánea española sea muy buena. Con buenos maestros el estímulo es muy grande.

Después de toda una vida detrás de la cámara, ¿qué sigues buscando en una fotografía que todavía no hayas encontrado?

Mi último suspiro.

2024 Autorretrato La muerte con su espanto IV

Aunque la conversación suele centrarse en la mirada y no en la herramienta, ¿qué opinión tienes sobre las cámaras Fujifilm y sobre la relación actual entre tecnología y fotografía de autor?

Fujifilm hace grandes cámaras. Cualquier cámara sirve para hacer fotografía, es ahí donde entra la autoría y la personalidad del fotógrafo.

Para quienes todavía no conocen el proyecto, ¿qué es exactamente Cabeza de Chorlito y qué tipo de espacio querías crear alrededor de la fotografía y los libros?

Cabeza de Chorlito es la editorial que fundé junto con la artista y editora Frédérique Bangerter. La editorial tiene ya doce años, poco a poco se ha asentado dentro de las publicaciones de fotografía de autor. Hace un año inauguramos nuestra propia librería física con nuestras publicaciones y otras obras de editoriales independientes como la nuestra. La tienda, situada en el Rastro madrileño (C/ Ruda 6, Madrid), sirve además de punto de encuentro y también organizamos presentaciones y eventos.

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