Paola Arbildua / Marta Vizoso
Desafío 35 revive la fotografía analógica: Un rollo de 35 mm y solo 36 tomas para capturar lo esencial.
Enviamos el cartucho a fotógrafos, lo revela y digitaliza nuestro partner Contado Pierde y publicamos las mejores imágenes, probando que la escasez enciende la verdadera creatividad.
Paola Arbildua
IG: p.arbld
Nací en un pueblo de provincia donde hay más verde que asfalto. Tal vez por eso siempre me ha costado encontrar inspiración en la ciudad, encontrar su esencia entre el cemento. Este reto me ha obligado a hacerlo y además en tan solo 36 fotografias. Replantearme qué es realmente una ciudad, cómo la usamos. Entender que detrás de un conjunto de edificios seriados, en masa, hay algo más. Hay un propósito: ser casa.
Estas fotografías son un ejercicio de observación sobre cómo habitamos estos espacios y cómo, a pesar de que el entorno a veces se muestre hostil, encontramos la manera de vivir la ciudad. Buscando capturar esos gestos que solo aparecen cuando dejas de correr.
Y para ello, fuera de la M30, donde vivo. Donde la ciudad de consumo se aleja para mostrarse un poco más real. Porque al final la ciudad no es solo el lugar que ocupamos sino la forma en que lo hacemos.
Marta Vizoso
Querido diario:
¿Sabías que las luces de la pescadería son blancas azuladas, las de la carnicería magentas y las de la frutería tiran al verde?
En mi familia no ha habido la costumbre de ir a un mercado a comprar, por eso igual, me resultan tan interesantes. Ahora que soy mayor intento ir a comprar al mercado de mi barrio pero cada día es más difícil porque los puestos cierran por jubilación y ya no vuelven a abrir. En muchos mercados combinan la gastronomía con los puestos para así darle más vida pero yo no tengo claro que eso funcione del todo.
Me gusta mucho hablar con el frutero o con el pescadero cuando voy a comprar, me preguntan qué tal estoy y me dicen cuál es la fruta de cada estación. Por eso me da pena que se estén perdiendo estas relaciones y que cada vez más estemos yendo al individualismo. En el supermercado nadie me cuenta de dónde viene la fruta o si ha llovido mucho este año por lo que la cosecha del azafrán se ha echado a perder. También cuentan que no quieren que sus hijas trabajen en la frutería, que es de segunda generación, porque es un trabajo inestable y pasan muchas horas allí. Hay veces que sacan beneficio y veces que no. ¿Cuál es la solución?
Este recorrido por mercados me ha hecho darme cuenta de que hay un poquito de esperanza pero que necesitan el apoyo de todas, que no sólo vale con ir a beber cerveza si no que también hay que ir a comprar a los puestos.
Con esta pequeña reflexión me despido, me lo he pasado genial hablando y yendo de un lugar para otro de Madrid. La vida en comunidad y el barrio es algo increíble por eso hay que cuidarla para que no perdamos nuestra esencia. La fotografía es el fuego interno que me mueve a sitios dónde igual no me atrevería a conocer o preguntar. ¿Cuál es el tuyo?


