Marta Areces: entre la intuición y la quietud

Marta Areces: entre la intuición y la quietud

Por Nacho Izquierdo

En una época dominada por la inmediatez, la fotografía de Marta Areces se detiene. Entre la intuición y la escucha, entre la calle y el retrato, su trabajo construye un lenguaje propio donde el blanco y negro no es estética sino pensamiento. Cada imagen es un encuentro: con el otro, con el lugar y, sobre todo, consigo misma.

 

Tu trabajo transmite una sensibilidad muy particular, casi meditativa ¿Cómo definirías tu relación con el tiempo cuando fotografías y por qué esa forma pausada de mirar se ha convertido en parte esencial de tu proceso creativo?
Creo que tengo dos formas de fotografiar: la que hago cuando voy por la calle, dejándome llevar, buscando algo sin saber muy bien qué… esa fotografía es más impulsiva, movida, torcida… me identifico con ella porque parece que en mi día a día siempre tengo prisa; pero cuando estoy con una persona me gusta escucharla, sentirla, y si la circunstancia (y ella) lo permiten, es cuando llega el retrato. Debe ser en lo único en lo que soy pausada. En este caso la pausa es una necesidad. Me permite pasar del “ver” al “sentir”. No busco robar un instante; intento conectar con la esencia de lo que estoy fotografiando.

El blanco y negro ocupa un lugar central en tu obra. ¿Qué buscas en él? ¿Qué te permite expresar que el color no consigue contar con la misma precisión?
Sí, totalmente. Casi todo lo que hago es en blanco y negro, Supongo que lo que busco básicamente es centrarme. El color me dispersa, me distrae. Pensando en blanco y negro me centro en lo que está ocurriendo. Además da unidad a todo lo que hago. Tengo trabajos que empecé haciendo en analógico y continué en digital, y creo que todas las imágenes conviven perfectamente juntas.

Muchos fotógrafos trabajan el B/N como un recurso estético, pero en tu caso es casi un lenguaje propio. ¿Cómo construyes ese blanco y negro tan cuidado, tan lleno de matices y silencio?
Aunque llegué muy tarde a la fotografía, cuando ya la mayoría de los fotógrafos se habían pasado al digital, tuve la suerte de iniciarme en una academia en que Ricardo, mi profesor, era un enamorado del laboratorio y un maravilloso laborista. Creo que fue una suerte enorme, porque estar en el cuarto oscuro revelando y positivando con él (y después en mi propio laboratorio durante varios años) me educó la mirada y, a pesar del paso de los años, he continuado fotografiando y revelando de manera parecida a como lo hacía entonces.

En tu portfolio hay una constante: las personas y los lugares parecen respirar dentro de tus imágenes. ¿Cómo encuentras ese equilibrio entre presencia humana, atmósfera y narrativa?
Muchas gracias, me encanta que lo veas así.
Ninguno de los tres elementos puede existir totalmente sin los otros. No me gusta que las personas posen, me gusta que estén y sientan su lugar, que lo habiten. La narrativa viene de ese diálogo entre la persona y su entorno, su historia también entrelazada con la mía.
Ahí me imagino que llega la narrativa. Es un momento de encuentro donde su historia personal se entrelaza con mi propia mirada y mi historia como fotógrafa.
Una vez que me atreví a fijar el foco en algo que no fuera mi familia, gatos o la finca familiar, y empecé a hacer mis “salidas fotográficas” me di cuenta que volvía a casa con otras personas o lugares, pero todo era muy parecido. Sin saberlo iba buscando lo mismo. Hacía viajes geográficos, pero volvía con viajes emocionales. Así que tanto El Regalo de la Confianza, como Raíces del Cubia, o Benidorm´s… no dejaban de ser parte de un mismo proyecto, al que yo llamo La Fotografía como Viaje Personal

Tu forma de fotografiar parece muy intuitiva pero también muy consciente. ¿Cómo equilibras la emoción del instante con la técnica y la intención final?
Sí, muy intuitiva y dejándome llevar siempre por la emoción.
Volviendo a la academia… aprendí a medir luces y sombras, contar pasos para revelar el film correctamente… hasta que dejé de hacerlo; la emoción del momento me puede y la intuición siempre gana.

¿Qué papel juega la cámara en esa búsqueda de calma y precisión? Sabemos que has trabajado con equipos Fujifilm, especialmente valorados por su discreción y su reproducción tonal. ¿Qué aportan estas cámaras a tu flujo de trabajo y a tu manera de relacionarte con la escena?
Me gusta que la cámara sea discreta y ligera. Mi equipo Fujifilm cumple a la perfección esos dos requisitos. Suelo salir a la calle sólo con una cámara y un objetivo fijo. Me gustan especialmente los angulares. En algunas ocasiones puntuales trabajo con dos cuerpos, por ejemplo para mi trabajo Antes del Glamour.
Todo lo realizado desde 2014 ha sido con la Fuji X-E1 y Fujifilm X-Pro2 , los objetivos Fujinon Super EBC XF 35 mm 1:2, Fujinon Super EBC f 18mm 1:2. y el Fujinon XF 23mm f2 R WR.
Ahora he sustituido la X-E1 por la X-T5. Continúo con Fujifilm por discreción, ligereza, y como has indicado por su reproducción tonal. Me siento muy a gusto.

En tus imágenes hay una enorme atención al detalle, pero nunca parecen forzadas. ¿Cómo desarrollaste esa capacidad para observar lo cotidiano con tanta delicadeza?
Normalmente, las fotografías hablan más de uno de lo que desearíamos. Recuerdo que en mis primeras ocasiones mostrando mi trabajo, sentía que me exponía por completo, que me estaba desnudando.
No soy plenamente consciente de esa delicadeza, pero parece que algo de ello debe de haber…

¿Qué importancia tiene para ti el proceso de edición? ¿Dirías que es una extensión natural del acto fotográfico o un momento completamente distinto?
En mi caso, el proceso de edición es una extensión natural del acto fotográfico. Suelo editar muy poco; me gusta que las imágenes se mantengan lo más fieles posible a la toma original. Ajusto la exposición, corrijo el contraste, modifico la saturación y poco más. Supongo que es coherente con mi manera de fotografiar: no busco contar grandes historias ni generar un gran impacto, prefiero fotografías de segunda mirada.

Tus series parecen construirse desde la intimidad, desde una observación respetuosa del otro. ¿Cómo trabajas esa distancia justa, ese espacio ético y emocional con las personas que fotografías?
Sí, siempre. A veces dejo pasar fotografías que me encantaría tener, pero el respeto hacia la otra persona es fundamental.
Si la persona retratada no se siente cómoda o no acepta el momento como algo propio, entonces no hay fotografía posible. Es un instante íntimo que exige delicadeza. Me quedo con el encuentro. Si además surge una imagen, lo considero un regalo añadido.

En el caso de fotografía de calle, que son tomas más rápidas y no hay ese espacio físico ni emocional tan cercano, una simple sonrisa o un gesto con la cabeza funciona como petición de permiso. Para ti, ¿qué hace que una imagen funcione? ¿Qué elementos deben alinearse para que algo aparentemente sencillo se convierta en una fotografía que permanece?
A veces una fotografía me atrae simplemente por su equilibrio o por su belleza estética; otras, por el dinamismo que contiene. Pero lo que realmente hace que una imagen perdure para mí es su capacidad de conmover. Que me obligue a sentir, a pensar, a detenerme; que me genere dudas o me ofrezca una forma inesperada de calma. En definitiva, que despierte algo que no sabía que estaba ahí y me invite —casi sin darme cuenta— a seguir mirándola.

En un mundo saturado de estímulos visuales y urgencia, tu fotografía apuesta por la lentitud y la contemplación. ¿Crees que la fotografía puede ser una forma de resistencia frente al ritmo actual?
Nunca lo había visto así, aunque ahora que lo pienso puede que sí. Siempre he sido un poco “prisillas” y acelerada; parece que siempre tengo prisa por todo. Recuerdo un jefe que tuve que cuando me pedía algo decía: “y deja aquí los patines! “ O la cantidad de veces que se repite este diálogo con mi madre: “salgo de una carrera a hacer un recado” y ella contesta “no hace falta que sea de una carrera”.
Así que sí, totalmente. Vivimos rápido, estamos rodeados de imágenes que apenas miramos y olvidamos al instante. Fotografiar me permite observar, sentir. Y lo que es más importante, cada vez que llego a casa después de haber estado haciendo fotos me siento más feliz.

Mirando hacia el futuro, ¿qué proyectos te gustaría explorar? ¿Hay nuevas direcciones, técnicas o narrativas que te gustaría incorporar a tu trabajo… quizá incluso a través de nuevas herramientas como las cámaras de medio formato de Fujifilm?
Es raro que piense en un proyecto y luego lo lleve a cabo. Normalmente es al revés: empiezo a hacer fotos y ellas se van juntando dando lugar a una serie, a un proyecto. En estos momentos tengo “apuntes” de algo que tal vez se convierta en proyecto, y estoy intentándolo en color… veremos en qué acaba.
No me veo con medio formato, y no precisamente porque no me guste. Pero necesito cámaras ligeras y discretas. Así que voy a probar precisamente con lo contrario: una Fujifilm X100 VI. Creo que para estos “apuntes” me va estupendamente!!


Acerca de la autora:

En 2005, en la Academia de Ricardo Moreno en Oviedo, tuve la oportunidad de adentrarme en los secretos del laboratorio. La magia de la fotografía y el descubrimiento de los grandes clásicos transformaron para siempre mi manera de mirar: el mundo se convirtió en un lugar para ser fotografiado. Desde entonces he asistido a talleres y seminarios por toda España y he comenzado a desarrollar mis proyectos personales.
Además de participar en numerosas exposiciones colectivas —como Hablando en Plata (2011–2016), PHE Off en la Galería BAT de Madrid (2016), El Gran Libro del Mundo en el Museo Barjola de Gijón (2011) o Aves y otros vuelos en el Museo Evaristo Valle de Gijón (2025), entre otras— he tenido la oportunidad de exhibir mis trabajos Todavía la Tierra, El Regalo de la Confianza y Antes del Glamour en diferentes ciudades de España, como Gijón, Torrelavega, Castellón, Segovia, Oviedo, Grado e Igualada.
Con el Colectivo Contemporáneos, y bajo el sello de La Fábrica, publicamos el libro “Contemporáneos, 30 fotógrafos internacionales” y tres fanzines: NO WORDS, #CERO y VACÍO. Junto al Colectivo FugArte Los Purificados y editado por Más Madera, publicamos 2056. Ciudad Futura.
Mi proyecto más íntimo y personal es “Antes de que las flores llegaran a marchitarse “ (Materia Editorial), publicado en 2019 y presentado en Valencia, Gijón, Oviedo, Madrid, León y Toledo.”

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IG: martaarecesestrada

Facebook: marta.arecesestrada

Web: www.martaareces.com

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© 2019 Caption Magazine. ISSN 0716-0879