Chus Recio: Gri(e)tas
GRI(e)TAS es un proyecto fotográfico que se sitúa en la intersección entre lo que se rompe y lo que grita. La grieta, como símbolo de fragilidad y transformación, no solo representa la separación o el vacío, sino que también libera una tensión acumulada en forma de grito.
Grieta… abertura que separa, hendidura alargada que se hace en la tierra o en cualquier cuerpo sólido, hendidura poco profunda que se forma en la piel de diversas partes del cuerpo o en las membranas mucosas próximas a ella, dificultad o desacuerdo que amenaza la solidez o unidad de algo. Grieta…
GRI(e)TAS es un proyecto fotográfico que nace desde la fractura personal, desde el dolor de una ruptura que dejó marcas profundas en mi ser. Pero también surge de la esperanza: del reconocimiento de que cada grieta, lejos de ser solo un símbolo de pérdida, puede convertirse en un canal para la luz, un espacio de creación y redención. Este proyecto es una exploración de las grietas como metáfora universal, como puente entre la separación y la liberación, entre el vacío y la plenitud.
Necesitaba pensar en el concepto, recrearme en su significado, analizarlo desde todas las ópticas imaginables. No quería limitarme a la idea asociada al significado formal de la palabra: hendidura poco profunda. Intuía que, detrás del concepto gri(e)ta cabía mucho más, todo un universo de significados. Precisaba, en definitiva, analizar el trasfondo que hay detrás de esa palabra e identificar todas las formas posibles de representación.
Mi primera aproximación, centrada en una parte específica de la definición de grieta, concretamente, en “abertura que separa” me condujo a descubrir que, bajo el concepto “grieta” podemos arropar emociones, sensaciones, sentimientos, visiones…, a saber, podemos incluir el espacio negativo de una grieta, es decir, lo que se rompe para crearla; podemos sentir una grieta como la consecuencia de lo que se ha roto, física o emocionalmente, realidad o algo perteneciente a nuestro imaginario. Una grieta puede ser el espacio que sentimos nos separa del mundo, del otro, de algo; las consecuencias de un pensar diferente, de un sentir diferente. La ruptura con algo, con alguien, con todo. La grieta, entonces, abre, quiebra, grita, cruje…
Pero intuía que cabía mucho más dentro del concepto y descubrí que cabía el olvido (grieta que nos separa de hechos que han ocurrido en nuestra vida); la distancia que nos separa del resto o de uno mismo en un razonamiento, en un pensamiento; el preámbulo de los opuestos; el resquicio que nos permite escapar, la hendedura en el costado de nuestras emociones, en el centro de nuestros pensamientos, en el ombligo de nuestras vanidades, en el subsuelo de nuestros odios… La neblina que nos impide darnos cuenta de que, a pocos metros puede estar el paraíso o el infierno; el cielo o el fondo del abismo; el éxito o el fracaso; la cima o la ladera… Descubrí que la grieta, necesariamente, separa, dejándonos al borde de un abismo sin saber la profundidad del adentro aun cuando sea el propio.
Y por qué no… la grieta es el espacio por el que entra la luz, la esperanza, el espacio por el que florece algo entre la devastación, la abertura a la luz necesaria para descubrir y transitar otras formas de aproximarnos a la realidad, otros modos de investigar, incentivar la duda y activar el pensamiento. La grieta nos permite reconocernos en esas roturas que definen nuestra identidad.
La grieta es, por tanto, el reconocimiento de un elemento fracturado y de lo que se quiebra en él atendiendo a sus luchas. Pero también una ruptura que deja pasar la luz, que permite la experiencia a través de la cual vamos construyendo nuestra narración personal compuesta de memoria, emociones, sentimientos, sensaciones…
Abrimos un cuerpo para nacer del mismo modo que la semilla agrieta la tierra para echar raíz. Se seca la tierra hasta dividirse, se agrietan las paredes de la casa antes del derrumbe, se raja la ropa por el deseo de llegar al otro, se parte la piel porque nunca cabemos en nuestro cuerpo, se nos rompe el corazón. Lejos del afán de zurcir lo roto y ocultarlo, tenía que darle espacio a ese proceso que brotaba de mi interior y que no sería creativo si no quebrara algo dentro en mí.
Constaté, además, que la grieta posibilita una nueva vida, la de otro, el que se separa, y la nuestra propia, la del separado. Constaté que la grieta nos transforma, muchas veces, en algo incluso más bello que lo fuimos antes de su existencia. Las grietas son, por tanto, una constatación de nuestra historia, y como tal, deberían ser un motivo para ser mostradas, un motivo que nos debería conducir a encomiarlas y una forma de enseñar, al mundo, esas fracturas que la vida nos ha provocado y que nos definen.
Una grieta evidencia que la evolución interior y exterior, paradójicamente, surge de las heridas y de las imperfecciones. Nos posibilita la aceptación del daño, nos permite demostrar que aceptarlo nos ayuda a ser más fuertes, que su nacimiento no significa, necesariamente, nuestro final sino todo lo contrario y que, gracias a ella, podemos iniciar un proceso de evolución, proceso que además nos instruye en la idea de que esconder nuestra fragilidad debería carecer de todo sentido. Una grieta nos enseña que, aceptar lo que se rompe en nuestro interior nos permite adquirir serenidad y templanza. Una grieta nos permite repensar nuestra realidad más cercana, nos ofrece la posibilidad de recomponernos. Una grieta demuestra al mundo que estamos vivos.
En palabras de H. Hesse, uno de mis autores favoritos: “fue una primera desgarradura en la santidad del padre, una primera grieta en los pilares sobre los que había reposado mi infancia y que todo hombre tiene que destruir antes de poder llegar a ser él mismo. De estos sucesos que nadie ve se compone la línea esencial, interna de nuestro destino. La desgarradura, la grieta, se cierra luego, cicatriza y cae en el olvido, pero en nuestra íntima cámara secreta perdura y continúa sangrando”.
Con este proyecto no sólo quiero reconocer el universo que encierran las grietas sino ver desde ellas; desde los ‘ángulos muertos’ que nos empecinamos en ocultar. Sus espacios positivos, pero también los negativos, sus orígenes y sus consecuencias. La belleza que encierra. Las posibilidades que nos ofrece.
Acerca de la autora:
Chus Recio
Su práctica fotográfica se sitúa entre la filosofía y la imagen, entendiendo la percepción como un acto creador que construye realidad. A través de un lenguaje poético y abstracto, explora lo mínimo, lo invisible y lo fugaz, transformando la fotografía en un espacio de contemplación. Concebida como espejo más que como ventana, su obra busca emoción antes que representación, ampliando la imagen hacia lo escrito, lo pensado y lo sentido.
IG: chus.recio
Web: chusrecio.com



